Jesús de Miguel, el arquetipo del esfuerzo y la autoconfianza

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No se puede hablar de Jesús de Miguel (Madrid, 1996) sin mostrarle como un arquetipo del esfuerzo y la autoconfianza. Aterrizó tarde en el fútbol profesional, pero a pico y pala, cimentando a base de goles una carrera desde los sótanos de las categorías, sin pasar por las grandes canteras, requisito casi previo en la actualidad para acariciar la élite. Formado en el CDE Lugo de Fuenlabrada, no abandonó el sur de Madrid porque recaló en la cantera del Leganés. Sin encontrar su sitio en el club pepinero, pasó por el Ínter de Madrid, Fuenlabrada o Adarve antes de encontrarse con Toni García, actual director deportivo del Numancia, en el Navalcarnero. En dos años como rojiblanco hizo más de veinte goles , lo que le sirvió para irse del equipo de la mano de García, que firmaba en Unionistas de Salamanca. Nunca dejó al Artístico del 'Naval'. Allí conoció a su mujer, María, con la que tenía una hija de año y medio, y que vivía al lado del Municipal Mariano González, donde sus goles en otros clubes se seguían festejando. «Nadie puede hablar de él, no he conocido a nadie que tuviera una mala palabra contra Jesús» señala Toni García, pieza clave en la trayectoria de un jugador «introvertido, un líder encubierto en el trabajo, un ejemplo de persona». En tierras charras, en apenas campaña y media, se convirtió en un ídolo de un club agradecido al talento de un atacante que les hizo volar. Doce goles hicieron que su nombre comenzara a circular entre los grandes de una categoría modesta donde ya se comenzaban a recibir salarios importantes. «Demi», como le llamaban los suyos, pasaba a colocarse en la parrilla de una salida que dejaría muchos euros a un club dirigido por socios. «Le costó entrar en el equipo» comenta Dani Mori, su técnico en el cuadro unionista «pero nunca tuvo una mala palabra, ni un mal gesto. Sólo con trabajo revirtió la situación. Nos ganó a todos para ser historia en el club». Esa modestia y timidez que le marcaba «se transformaba en el césped. Era el primero que tiraba del carro, sin elevar la palabra, sin quejas» dice el entrenador asturiano. El Castellón, en enero de 2022 tras temporada y media, hacía efectiva la cláusula de más de cien mil euros convirtiéndose en la venta más cara del equipo salmantino. Además, el atacante madrileño fue uno de los primeros jugadores firmado mediante el Big Data en el panorama nacional, herramienta habitual que había incorporado el club de La Plana en su metodología de trabajo. Defendió la camiseta del cuadro de Castalia durante dos temporadas y media, su máxima estancia en un club siendo clave con dieciséis goles en el ascenso a la Liga Hypermotion en la 23/24. «Era un líder desde el ejemplo, desde el trabajo» asegura David Cubillas, capitán de ese histórico Castellón. «No hacía falta que gritara, ibas a su lado y le seguías. Era un currante, un tío humilde que sabía lo que le había costado llegar» dice Cubillas a la vez que sigue en estado de shock: «Estamos hablando Cala, Óscar Gil… la gente de aquel equipo y estamos destrozados. No nos imaginamos a su familia porque es una faena salir al campo, a hacer lo que te gusta y que pasen estas cosas». Su debut en la categoría de plata con los orelluts no le dio la continuidad deseada saliendo traspasado al Tenerife de 1ª RFEF, con el que logró ascender por segunda vez a Segunda siendo clave con once goles. Este pasado verano estuvo en la parrilla de salida del equipo chicharrero. El Zaragoza, sobre todo, era el club que más pujó por sus servicios, pero problemas de pubis le hicieron permanecer en el club del Heliodoro Rodríguez donde apenas había disputado 98´en seis partidos esta campaña saliendo en todos ellos desde el banquillo.