Carissa Véliz, filósofa de Oxford, contra el poder de la vigilancia digital: «Nos están tratando como conejillos de Indias»

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La privacidad tiene una dimensión que va más allá de esconder una conversación o evitar anuncios molestos. El control de los datos influye en quién puede observarnos, clasificarnos y tomar decisiones sobre nuestra vida. Carissa Véliz, profesora asociada de Filosofía en el Instituto de Ética de la Inteligencia Artificial de Oxford, ha convertido esa relación entre información y poder en uno de los ejes de su trabajo.«Nos están tratando como conejillos de Indias», declaró Véliz a The Guardian en septiembre de 2020. Su defensa de la privacidad se desarrolla también en publicaciones de Oxford. En Harvard Business Review defendió en 2021 evaluar rigurosamente la IA antes de emplearla en decisiones que afecten a las personas.La presentación universitaria de su libro Privacy Is Power sostiene que la privacidad es un asunto político. Su propuesta consiste en reducir el poder que concede la acumulación de información personal. Desde esa perspectiva, una decisión aparentemente individual, como permitir que una compañía conserve un registro, puede tener consecuencias que desbordan a quien pulsa el botón.Lo que se entrega junto con los datosEn un comentario de 2019 en Nature Electronics, Véliz propone que la ética digital aprenda de la medicina: códigos éticos, comités de evaluación y respeto a la autonomía. El resumen de su libro publicado por Oxford vincula la vigilancia con la capacidad de influir en las elecciones de las personas. La asimetría entre quien observa y quien es observado explica su crítica: la persona vigilada no dispone necesariamente de una capacidad equivalente para conocer al que reúne sus datos. Es una cuestión que ayuda a entender el interés por los riesgos de privacidad.En otro texto universitario, publicado en enero de 2024 para presentar su obra sobre privacidad y vigilancia, la filósofa sostiene que los espacios alejados de la observación protegen frente a posibles abusos. Su argumento relaciona intimidad, autonomía e igualdad: necesitar comunidad no elimina la necesidad de conservar ámbitos fuera del escrutinio ajeno. Esa discusión acompaña al debate sobre el entrenamiento con datos, aunque no todas las formas de tratamiento tienen la misma finalidad.La finalidad y la cantidad importanLa Comisión Europea explica que el RGPD obliga a recoger datos para una finalidad específica y comunicada. No basta con anunciar de forma genérica que se van a utilizar. Además, la minimización exige limitar la información a lo necesario. Son obligaciones que permiten formular preguntas concretas ante cualquier servicio: qué necesita, para qué lo necesita y cuánto tiempo lo conserva. También aportan contexto a las herramientas para retirar datos personales de los resultados de búsqueda.La propia Comisión señala que la protección debe incorporarse desde el diseño y que, por defecto, han de tratarse únicamente los datos necesarios. Las decisiones sobre la configuración inicial tienen así una relevancia que no se agota en las preferencias del usuario. La información de salud constituye un ámbito especialmente delicado para esta discusión, como muestran las preguntas sobre las aplicaciones de seguimiento menstrual.El Comité Europeo de Protección de Datos añade otro límite: las personas tienen, con las condiciones y excepciones previstas por el RGPD, derecho a no quedar sometidas a decisiones exclusivamente automatizadas con efectos jurídicos o de importancia similar. La intervención humana debe ser significativa, de modo que alguien pueda modificar o revertir el resultado. El debate que plantea Véliz conecta así con una cuestión práctica: quién conserva la capacidad de decidir cuando la información personal se transforma en una clasificación que afecta a nuestra vida.