Cien años de soledad de Gabriel García Márquez no es solo un clásico de la literatura latinoamericana. Que lo es y, por descontado. También es una historia fundacional que abarca la historia del continente y la transforma en realismo mágico. Como si eso no fuera suficiente, la historia, que narra siete generaciones de una misma familia a través del convulso siglo XX de Colombia, sorprende por sus matices. Por un lado, es una historia llena de vigor, romance y colorido que mezcla leyendas, mitos y folclore de manera divertida y emocionante. Por el otro, es una crónica de sucesos que utiliza la fantasía para explorar el dolor de Latinoamérica a lo largo de 100 años.El resultado es una obra compleja que su propio autor calificó en más de una ocasión como inadaptable. Eso, a pesar de las múltiples ofertas que recibió y todo el interés que despertó una narración que marcó un antes y un después en el continente. Pero lo cierto es que Cien años de soledad parecía desafiar cualquier convención del formato cinematográfico. No es una obra lineal, no tiene un hilo conductor claro ni un protagonista. En lugar de eso, el relato atraviesa todo tipo de etapas y se enfoca en diferentes personajes. Algunos mueren sin resolver su arco narrativo; otros tienen finales asombrosos (como Remedios, la bella, que se eleva al cielo). Por lo que no parecía haber una fórmula que pudiera englobar todo lo que el premio Nobel colombiano había imaginado. Inconvenientes van e inconvenientes vienen en ‘Cien años de soledad’Cien Años de Soledad NetflixDe modo que Netflix tomó un riesgo que, desde que se anunció la producción, sorprendió a una buena cantidad de lectores. Dirigida por Laura Mora y Alex García López, el equipo asumió el colosal desafío de trasladar a la pantalla la historia. Hacerlo, enfrentándose a todos los obstáculos que pudiera suponer, que incluye que no haya una sola forma de clasificar el género. ¿Es fantasía? ¿Es solo realismo mágico? ¿Un poco de crónica de eventos envuelto en un velo mágico? Pero además, Netflix debía captar la atmósfera surrealista y potente del libro. Lo que añadía una capa de complejidad a toda la producción. Mucho más, porque Cien años de soledad evita cualquier forma de simplificar su argumento y su valor como experimento narrativo. Una apuesta alta para Netflix Con todo, Netflix llevó adelante el proyecto y el resultado ha sido un éxito. Con dos temporadas (una estrenada en 2024 y una este año), la serie logró narrar buena parte de la historia literaria de manera más o menos fiel. También, sorprendiendo por su atención al detalle y fidelidad al momento de explorar en el complicado mundo de Macondo de Gabriel García Márquez. Detalles que le valieron estupendas críticas y, además, la posibilidad de un cierre especial con un único capítulo de dos horas que se estrena el 26 de agosto. Pero aunque el proyecto destaca por su factura visual, diseño de producción millonario y un fiel retrato de los paisajes de Colombia, sigue teniendo fallos. En particular, porque a pesar del esfuerzo, la serie despoja a Cien años de soledad de su elaborada visión sobre el tiempo, de su naturaleza abstracta, cíclica y puramente lírica. Por lo que la producción deja a su paso algunos problemas que evitan que pueda ser una mirada fiel al original. Una línea de tiempo innecesaria en ‘Cien años de soledad’ En Cien años de soledad, el tiempo es una rareza que convierte a la historia en un ir y venir de sucesos complicados que se completan entre sí. De hecho, esta cronología cíclica se convierte en una condena donde el presente y el futuro son solo repeticiones del pasado. Por lo que el libro rompe con la idea de la historia lineal. Los eventos, las tragedias, las guerras y las locuras se reiteran de manera muy parecida a través de las generaciones en Macondo. Esta circularidad se refleja en la repetición de los nombres de los personajes masculinos. Lo que provoca que los Aurelianos y los José Arcadios hereden no solo los nombres, sino también las mismas personalidades y destinos trágicos. El propio pergamino de Melquíades ya contenía toda la historia escrita de antemano. Algo que demuestra que el tiempo en la novela es una rueda donde el principio y el fin coexisten simultáneamente.Por lo que el primer gran fallo de la adaptación radica en la linealidad forzada de la historia. Un cambio estructural que diluye el caos organizado y la concepción del tiempo elíptico característicos de la novela. Para hacer la densa historia accesible, los guionistas simplificaron la trama ordenando los acontecimientos de manera cronológica. También, episódica. Al dotar a Macondo de una evolución convencional, se pierde esa atmósfera de bruma onírica donde el pasado, el presente y el futuro coexisten simultáneamente. Lo que provoca que los espectadores perciban el relato como una telenovela histórica de época o una saga familiar convencional.El realismo mágico llega a la televisión en ‘Cien años de soledad’ El segundo gran tropiezo de la producción es la literalidad visual del realismo mágico. Un elemento literario que en el papel se sustenta en metáforas abstractas, pero que en pantalla se reduce a efectos especiales concretos. Al contrario, en el libro, la historia inserta lo fantástico y lo sobrenatural en la vida cotidiana de Macondo como si fuera algo completamente normal. Gabriel García Márquez relata hechos extraordinarios de una forma natural y realista. De forma que la ascensión al cielo de Remedios, la bella, la peste del insomnio o la lluvia de flores amarillas son algo más que sucesos impactantes. También son un tipo de misterio que sostiene la personalidad de Macondo. Mitología y surrealismo en 'Cien años de soledad'Al mismo tiempo, el recurso funciona a la inversa. Los inventos modernos del mundo exterior, como el hielo o el imán, son recibidos por los habitantes del pueblo con un asombro mágico y poético. Esta fusión borra las fronteras entre el mito y la realidad, convirtiendo lo inverosímil en parte de la identidad cultural y cotidiana del relato. También, haciendo del elemento uno de los más recordados, conmovedores y sorprendentes del relato original. Pero en la serie el recurso falla. En especial, porque en el libro, la magia ocurre de forma cotidiana sin explicaciones ni justificaciones. Mientras que en la adaptación de Netflix tienden a sobreexplicar y restarle sutileza poética a los milagros de Macondo.Una historia que se queda a medias El libro Cien años de soledad sorprende por narrar una historia en apariencia sencilla y local, que se convierte en un retrato universal. Mucho más, en una exploración sobre el ser humano, su circunstancia y su manera de entender el mundo. De modo que es esencial la profundidad psicológica de los personajes. En la novela, el mundo interior de cada uno se construye de forma colectiva y arquetípica. Eso, al utilizar el aislamiento emocional y la incapacidad de amar para definir su mundo interior. Gabriel García Márquez no utiliza extensos monólogos introspectivos, sino que revela la psique de los Buendía a través de sus obsesiones repetitivas. También, de su incapacidad para escapar de la herencia familiar. Cada miembro de la estirpe lucha contra una soledad intrínseca que se manifiesta en conductas extremas. De la fabricación eterna de pescaditos de oro del coronel Aureliano o el encierro de Rebeca. Al final, los personajes no cambian individualmente a lo largo del tiempo. Más bien, actúan impulsados por un destino psicológico circular que los condena a repetir los mismos traumas, pasiones y errores de sus antepasados.Un mundo incompletoTodo lo anterior se echa de menos en la adaptación de Netflix. En especial, porque la trama desecha indagar en las invisibles conexiones entre personajes, para limitarse a lo obvio. A saber: que todos son parientes y que comparten historia familiar. Pero no va más allá de cómo la herencia trágica que les conecta de maneras misteriosas les lleva a cumplir un destino inquietante. Mucho peor, que trivializa el hecho de que la historia utiliza el tiempo como el anuncio de una tragedia predestinada a suceder. Por lo que las transiciones de las generaciones de la familia se sienten apresuradas o superficiales. Lo que le resta peso al doloroso y profundo concepto de la soledad que bautiza la novela.Seguir leyendo: ¿Valió la pena adaptar ‘Cien años de soledad’? Tres grandes fallos de la serie sorpresa de Netflix