Vivir los ruidos cotidianos como una tortura: "Pedí a mis vecinos que se cambiasen de calzado"

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Cada vez que Daniel, de 41 años, se aloja en un hotel pregunta si la habitación es tranquila. Una vez dentro, suele inspeccionarla para detectar posibles fuentes de ruidos: un aire acondicionado en mal estado o una ventana que cierra mal y deja oír el tráfico. Si escucha algo, la situación le resulta insoportable y no duda en pedir un cambio. Aunque esté de vacaciones en una casa rural aislada, siempre duerme con tapones. Sabe que no es una simple manía, pero no se atreve a abordarla en terapia. Seguir leyendo....