Las pisadas del vecino de arriba, los bostezos del compañero de trabajo y la charla telefónica de un viajero en el tren son sonidos cotidianos que pasan desapercibidos para la inmensa mayoría de la población. Hay personas, sin embargo, que no los toleran. Sienten una ira y un rechazo tan visceral que puede condicionarles la vida. No son maniáticos ni exagerados. Lo que les pasa tiene nombre, misofonía, un problema psicológico que sufre entre el 15% y el 20% de la población, según las estimaciones internacionales. Estos pacientes viven pensando que son maniáticos y que la culpa de ser así es suya. Ahora, por fin, hay más información y constituye un motivo de consulta cada vez más frecuente, afirma la psicóloga sanitaria especializada en sensibilidad auditiva, Celia Incio.Seguir leyendo....