Llevamos años metiendo procesadores y sensores en cualquier objeto inanimado que se cruce en nuestro camino. Hemos conectado la nevera a internet y le hemos puesto inteligencia artificial al comedero del gato. Parecía que ya no quedaban fronteras absurdas por cruzar en el hogar inteligente hasta que ha llegado James Dyson. Su compañía acaba de presentar el Dyson CameraJet, un cepillo de dientes eléctrico que, literalmente, te graba el interior de la boca mientras te cepillas para disparar enjuague bucal con precisión algorítmica. Es el epítome de la sobreingeniería aplicada a la higiene personal. Y lo peor de todo es que, tras analizar lo que han hecho, la maldita idea tiene todo el sentido del mundo.El problema histórico con la tecnología de cuidado bucodental es que asumimos que los motores de las marcas tradicionales ya habían tocado techo. Te vibran en la mano, te hacen cosquillas en las encías y tú te fías a ciegas de que están limpiando algo. La realidad que exponen los ingenieros británicos para justificar su nuevo invento es mucho más cruda: las cerdas de un cepillo sónico convencional tienden a quedarse bloqueadas y dejan de moverse cuando el usuario presiona con fuerza contra el esmalte. La solución de Dyson pasa por un sistema de oscilación sónica variable que altera el ángulo de ataque en tiempo real para evitar que el motor se rinda bajo presión.Cepillo de dientes e irrigador, 2 en 1Pero el verdadero truco de magia negra de este dispositivo reside en el cuello del cabezal. Han embutido una cámara con un sensor macro de 100.000 píxeles que analiza 28 imágenes por segundo buscando un objetivo: los oscuros huecos entre tus dientes. Un modelo de aprendizaje automático entrenado con casi medio millón de imágenes dentales identifica esos espacios interdentales en apenas 100 milisegundos y, justo antes de que el cabezal pase por encima, dispara un chorro cónico de enjuague bucal (o de agua)ndesde un complejo depósito antigravedad integrado en el mango. Han logrado automatizar la tediosa tarea de usar el hilo dental utilizando visión artificial. Es una de esas soluciones técnicas tan excesivamente complejas que solo pueden salir de una empresa acostumbrada a vender secadores de pelo a 600 euros. El Dyson CameraJet, junto con los nuevos productos de higiene dental de la marcaPor supuesto, meter un ojo digital en tu boca tiene un peaje inevitable. Si usas tu pasta de dientes tradicional del supermercado, la espuma blanca cegará la lente al instante y arruinará todo el costoso sistema de guiado óptico. Para evitar que el robot se quede ciego mientras trabajas, la marca te obliga a entrar de lleno en su propio ecosistema cerrado de consumibles. Han diseñado una pasta dental específica sin agentes espumantes y un enjuague bucal a medida para el irrigador. Es la jugada maestra de los cartuchos de tinta de las impresoras, pero hábilmente aplicada a tus muelas. Quieres la limpieza más futurista del mercado, asumes que vas a pasar por su caja todos los meses.El elefante en la habitación al hablar de una cámara conectada por wifi en la intimidad del cuarto de baño es, lógicamente, la privacidad de tus datos. Desde la compañía juran y perjuran lo evidente: las imágenes de tus encías no viajan a ningún servidor oscuro en la nube ni se almacenan de forma permanente en el dispositivo. El sensor solo se activa para alimentar al algoritmo de disparo o para que tú mismo puedas ver una retransmisión en directo de tu sarro desde la pantalla de tu móvil. Todos hemos instalado la flamante aplicación de un cepillo inteligente el primer día para no volver a abrirla jamás en la vida, pero reconozco sin pudor que la curiosidad de inspeccionar tus propios empastes en alta definición tiene un innegable atractivo inicial para los más geeks.Pagar 479 euros por el kit del CameraJet es un peaje que, probablemente, la inmensa mayoría de los mortales no está dispuesta a dar. Existen alternativas sónicas excelentes en el mercado por una décima parte de ese precio que te dejarán la boca razonablemente limpia si tienes la disciplina de usarlas bien. Sin embargo, lo que Dyson ha puesto hoy sobre la mesa no es un simple accesorio de higiene caro para el lavabo. Es una prueba más de cómo el cruce entre el aprendizaje automático y la miniaturización extrema del hardware todavía puede reinventar rutinas aburridas que dábamos por sentadas desde hace un siglo. Es un producto innecesariamente brillante.