En un inicio de temporada muy convulso en lo institucional, Baena propulsó al Atlético hacia una actuación soberbia, llena de goles y autoritaria en casa del Sevilla. El andaluz jugó en la punta de ataque e hizo dos goles, toda una proeza para tratarse de un futbolista especialista en asociarse y no en fusilar. Pero lo más importante fue que elevó el techo de los rojiblancos, les demostró que, pese a la ausencia de Julián, los colchoneros tienen plantilla para aplicar un fútbol vistoso, letal y compatible con la filosofía de Simeone . Con su estrella en entredicho, el club puede haber encontrado a un líder al que seguir pues Baena, al fin, ha aterrizado en el Atleti. Lookman, su socio predilecto, completó la goleada y Miguel Sierra hizo el único tanto local. Pese al siempre flamígero ambiente del Sánchez-Pizjuán, el Atlético pareció aliviado al alejarse del Metropolitano tras lo vivido hace una semana a raíz del caso Julián Álvarez. Indispuesto el argentino ante tanto chaparrón y con Sorloth lesionado, Simeone apostó por Baena como falso nueve. Y el almeriense solo necesitó cuatro minutos para justificar la decisión de su maestro. Kang-In Lee arrancó desde la derecha, atrajo rivales y el internacional español, en un desmarque al espacio digno de Raphinha, recibió dentro del área y cruzó el disparo a la perfección. Tras una temporada para olvidar, parece que a Baena, campeón del mundo, vuelve a hervirle la sangre. El Sevilla, que hasta la fecha había estado impecable en liga, seis puntos de seis posibles, intentó reponerse con avidez del golpe, pero los visitantes defendían con gusto liderados por Pubill y se desplegaban a una velocidad de vértigo gracias a Baena, muy móvil y con hambre, indetectable para las líneas hispalenses. Para colmo, pasado el cuarto de hora comenzaron a adueñarse de la posesión, lo que dibujó a un Atlético ilusionante y con ganas de darse una alegría. Kike Salas fue el primero en levantar a las gradas sevillistas después de un potente disparo desde la frontal, pero los rojiblancos jugaban como los ángeles, muy corales y poco rígidos en lo táctico. Así, no tardó en llegar el segundo premio de la noche. Barrios filtró un gran pase a Lookman que, siempre con el punto de mira afinado, lanzó un seco y colocado disparo al palo corto de Vlachodimos. Nada pudo hacer el griego y los de Simeone celebraron como una piña el 0-2, mientras que el Sevilla parecía asumir que poco podía hacer para frenar el rodillo que llamaba a su puerta. Casi sin tiempo para respirar, Baena, rey del choque, genio rehabilitado, aumentó la ventaja con un misil extraordinario. Tras el paso por los vestuarios, poco tardó Luis García Plaza en agitar el avispero y dio entrada a Ejuke y Kochorashvili. Los cambios, unidos a una leve relajación de los visitantes, provocaron cierto peligro sevillista, pese a que la remontada parecía una quimera ante la alarmante falta de calidad del Sevilla, en plena descomposición y dispuesto a aceptar cualquier oferta medianamente jugosa por sus hombres más destacados. Pese a todo, en el 66, el joven Miguel Sierra, debutante en Primera esta campaña, cazó un balón imposible y definió con mucho mérito ante la floja defensa colchonera. La rebeldía y la insistencia fueron condecoradas. Desde ese momento, el Atleti se vio obligado a recular, a renunciar a la vistosa versión presentada en la primera parte para atrincherarse en el área ante un grupo que cargaba contra su portería sin descanso. Sufrió e incluso cometió errores que bien podrían haber valido el 2-3, pero los rojiblancos siempre han sido supervivientes de primera categoría, y en esta ocasión tampoco faltaron a su cita.