Hay terrenos que, a simple vista, parecen condenados al abandono. Lugares donde apenas crece la vegetación, el suelo ha perdido su fertilidad y cualquier proyecto parece destinado al fracaso. Eso fue precisamente lo que encontró Jesús Salvador Paz, un hombre venezolano, cuando decidió comprar una montaña que varias personas le recomendaron no adquirir.Seguir leyendo....