China envió a 369 personas a plantar árboles en un desierto donde casi nada sobrevivía. Seis décadas después, un territorio de 93.000 hectáreas se ha convertido en el mayor bosque artificial del planeta y en un escudo contra las tormentas de arena que gol

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Las primeras plántulas murieron bajo temperaturas de hasta −40 °C, pero tres generaciones repitieron el intento hasta elevar la cobertura forestal del 11,4% al 82%. Saihanba conserva agua, captura carbono y frena el avance del desierto de Hunshandak, aunque su historia demuestra que restaurar un ecosistema exige décadas, no campañas.