Las primeras plántulas murieron bajo temperaturas de hasta −40 °C, pero tres generaciones repitieron el intento hasta elevar la cobertura forestal del 11,4% al 82%. Saihanba conserva agua, captura carbono y frena el avance del desierto de Hunshandak, aunque su historia demuestra que restaurar un ecosistema exige décadas, no campañas.