El 13 de mayo de 2026, Ana Botín presidió en Madrid la Junta General de Accionistas de Universia España. La presidenta ejecutiva de Banco Santander, que también ocupa la presidencia no ejecutiva de Universia España y Universia Holding, situó la inteligencia artificial entre las fuerzas que ya alteran la educación y el empleo, y sostuvo que sus efectos alcanzan también a las aulas, el trabajo en equipo y la inclusión laboral.La afirmación encadena cuatro planos que deben separarse. El uso en el puesto de trabajo puede medirse en tareas y empresas, mientras el aprendizaje abarca desde el aula hasta la formación de adultos. La colaboración y el reparto de oportunidades exigen algo más difícil de acreditar: pasar de la disponibilidad al beneficio real para alumnos y trabajadores.La expansión de los asistentes generativos indica que el cambio ya está en marcha. Eso no basta para asegurar mejores notas, empleos de más calidad o acceso igualitario. La posibilidad descrita por Botín depende de quién dispone de conexión, herramientas, tiempo para aprender y apoyo humano; también cuenta quién queda fuera.Del aula al puestoLa intervención colocó a la universidad como punto de unión entre conocimiento y empleo. En la nota que Banco Santander difundió aquel 13 de mayo, la entidad afirmó que más de 9.000 personas habían mejorado su formación para el empleo en España mediante Santander Open Academy. Universia, añadió, gestionó 75.000 vacantes en 2025, 13.000 de ellas en España. Son cifras declaradas por el grupo y describen su actividad, pero no demuestran que la IA causara esos resultados.Fuera del mensaje institucional, Eurostat aporta dos medidas comparables, una sobre ciudadanos y otra sobre empresas. En 2025, el 63,8 % de los jóvenes europeos de 16 a 24 años usó herramientas de IA generativa, casi el doble que el 32,7 % registrado entre la población de 16 a 74 años. Además, el 39,3 % de los jóvenes las empleó para educación formal, frente al 9,4 % del conjunto. La ventaja juvenil aparece en el uso, no todavía en un resultado educativo común.En el aula, un asistente puede ordenar apuntes, proponer ejercicios o explicar un concepto con otras palabras. También puede entregar respuestas falsas, ocultar lagunas o sustituir parte del esfuerzo que fija el aprendizaje. El uso académico con IA obliga así a revisar tareas y criterios de evaluación; el efecto depende de cómo se comprueba el trabajo del alumno.Algo parecido ocurre al colaborar. Los equipos pueden preparar un primer borrador, resumir documentos o comparar opciones con mayor rapidez, siempre que sepan qué datos pueden introducir y quién revisa la salida. La llegada de graduados ante la IA añade otra necesidad: acordar reglas compartidas de uso para que la herramienta ayude al grupo sin borrar responsabilidades.Uso real en las empresasLa segunda medida cambia de escala. El 20 % de las empresas de la Unión Europea con al menos diez trabajadores utilizó tecnologías de IA en 2025, 6,5 puntos más que en 2024. La adopción ya llega a las empresas, aunque esa cifra no informa por sí sola de productividad, salarios o puestos creados. Los casos de productividad mal medida recuerdan que usar más herramientas tampoco garantiza trabajar mejor.La Organización Internacional del Trabajo calculó en 2025 que uno de cada cuatro trabajadores del mundo ocupa un empleo con algún grado de exposición a la IA generativa. Su índice estima qué tareas podrían cambiar, no pérdidas de empleo observadas, y considera más probable la modificación del puesto que su desaparición completa. La decisión de cada empresa sigue pesando: una misma capacidad técnica puede servir para asistir a la plantilla, reducir tareas o prescindir de puestos.En otro estudio publicado en marzo de 2026, la misma institución advirtió de que la infraestructura digital y la composición del empleo condicionan el reparto de riesgos y ganancias entre países. La formación ayuda a reducir esa distancia, pero su alcance depende del coste, el tiempo disponible y el reconocimiento laboral. Programas como los certificados profesionales en IA pueden abrir una puerta; la cobertura decide cuántas personas entran.Los datos sostienen que el uso crece y que los jóvenes han avanzado antes. Queda por medir si esa difusión mejora el aprendizaje, refuerza la cooperación y ensancha el acceso al empleo. Formación, acceso y reglas de responsabilidad determinarán el resultado. La frase de Botín expresa una aspiración cuya prueba estará en quién obtiene una oportunidad concreta y quién sigue esperando.