Un fotocátodo con forma de sándwich resuelve el problema que arruinaba al material más prometedor para convertir CO2 en etanol con luz solar

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El óxido cuproso tiene casi todo lo que se le pediría a un material para fabricar combustibles solares: es barato, abundante y absorbe bien la luz visible. Tiene, eso sí, un defecto que durante años lo dejó fuera de carrera: se corroe casi tan rápido como el hierro expuesto al agua en cuanto empieza a trabajar. Un equipo de la Universidad Carolina de Praga encontró la forma de frenarlo, apilando tres materiales distintos en capas nanométricas