¿Sirve la faja médica para el dolor lumbar? Esto es lo que dice la última evidencia científica

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Si te duele la espalda y la lumbar está empezando resistirse recurrir a una faja puede parecer una solución intuitiva: sujetar la zona, descargar la musculatura y aliviar el dolor. Sin embargo, que estos soportes se utilicen desde hace años no significa necesariamente que funcionen. Una nueva revisión elaborada por Cochrane , una organización internacional que reúne y analiza la evidencia científica disponible para facilitar la toma de decisiones en salud, concluye que no existen pruebas suficientes para recomendar su utilización. Investigadores de Milán (Italia) revisaron ocho ensayos controlados aleatorizados en los que participaron algo más de 500 adultos de entre 25 y 78 años. En los estudios se comparó el uso de soportes lumbares y otros dispositivos de asistencia, utilizados de manera independiente o junto a tratamientos como analgésicos y ejercicio, frente al tratamiento habitual. Los resultados no muestran ninguna conclusión clara. En la mayoría de las comparaciones, las fajas apenas mostraron resultados positivos o fueron demasiado inciertos. La principal excepción fue una posible reducción ligera del dolor a corto plazo cuando se utilizaban junto a medicamentos analgésicos, como el ibuprofeno. Sin embargo, los investigadores advierten de que los ensayos disponibles son pequeños e imprecisos y califican la calidad del método como «muy baja». Según Chiara Arienti, autora principal de la revisión e investigadora de la Humanitas University de Milán, los soportes lumbares están muy extendidos en la práctica aunque no se conoce su efectividad con certeza. A partir de los datos disponibles, siguen sin existir suficientes pruebas para realizar «recomendaciones generales a favor o en contra de su uso». La cuestión, sin embargo, no se limita a determinar si una faja funciona o no . Su utilidad depende también del origen del dolor y del tiempo durante el que se utilice. El dolor lumbar inespecífico, precisamente aquel en el que se centra esta investigación, es aquel en el que no existe una causa estructural concreta y representa más del 90% de los pacientes que acuden a Atención Primaria por dolor lumbar, según explica Francisco Kovacs, responsable de la Unidad de la Espalda del Hospital Universitario HLA-Moncloa, y director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda. En estos casos, el problema está relacionado fundamentalmente con la musculatura. Y es ahí donde aparece la faja. La espalda funciona, explica el traumatólogo a ABC, «de una manera similar al mástil de un velero». La musculatura se encarga continuamente de mantenerla estable. Incluso cuando una persona permanece quieta, distintos grupos musculares ajustan su tono para conservar la postura. La faja intenta asumir parte de ese trabajo. Al sujetar externamente la zona lumbar, busca reducir la contracción de los músculos y permitir que la persona pueda moverse con menos dolor. El problema es que descargar demasiado a la musculatura puede terminar consiguiendo precisamente lo contrario de lo que se busca. «Existe el temor de que con la faja pueda pasar algo parecido» a lo que ocurre con el reposo prolongado, explica Kovacs. Si se utiliza constantemente durante demasiado tiempo, la musculatura trabaja menos, «pierde eficacia y se atrofia», algo que considera «claramente contraproducente». El especialista explica que su efecto sobre el dolor parece, en términos generales, «mínimo» y que no se ha observado una mejora significativa sobre el grado de discapacidad o la capacidad para desarrollar las actividades cotidianas. Ni siquiera parece aportar nada a los tratamientos que ya se utilizan habitualmente. Tampoco quiere decir que una persona que siente alivio al utilizarla tenga necesariamente que dejar de hacerlo. «Si siente que le alivia, no hay ningún problema en que lo use», matiza Kovacs. La diferencia está, sobre todo, entre usarla de manera puntual y convertirla en un tratamiento permanente. «Lo que no tiene sentido es que un paciente con dolor crónico lleve una faja indefinidamente«, aporta. Ni las fajas ni todas sus indicaciones son iguales realmente. Aunque la revisión se centra en el dolor lumbar crónico, existen situaciones concretas en las que estos soportes pueden tener una función diferente, por ejemplo, en aplastamientos vertebrales, especialmente los asociados a osteoporosis. Igualmente, el análisis de Cochrane tampoco ha encontrado efectos negativos. Pero Kovacs sí habla sobre un posible riesgo asociado a la sobrecarga de uso: la pérdida de acondicionamiento de los músculos. «La faja no aporta ninguna ventaja relevante y, sin embargo, genera el temor de que si se usa sistemáticamente pueda llegar a tener efectos secundarios», como la atrofia y el desacondicionamiento muscular. La falta de pruebas pone en entredicho que estos dispositivos se utilicen habitualmente. Para el médico, que haya una contradicción entre su uso y la escasa evidencia ni siquiera le sorprende. «En contra de lo que el sentido común sugiere, el hecho de que algo se aplique habitualmente no significa en absoluto que haya pruebas científicas de que sea real o seguro», sostiene. A todo ello, los propios autores de Cochrane se encontraron con una curiosa cuestión y es que la mayoría de los estudios incluidos en la revisión procedían de países de ingresos bajos y medios. Una conclusión que podría estar relacionada con las diferencias en el acceso a los tratamientos. En los países de ingresos altos, fomentan tratamientos más activos, como el ejercicio, la educación del paciente y las estrategias biopsicosociales. En aquellos lugares donde estos recursos son menos accesibles, una faja, más barata y sencilla de utilizar, puede convertirse en una alternativa más disponible . Kovacs sigue prefiriendo recomendar un «mayor grado de actividad física, hasta que el dolor permita», cuanto más se mueve una persona y mayor es el riego sanguíneo que reciben sus músculos, explica, más posibilidades existen de acortar el episodio doloroso. La cuestión no es tan simple. El dolor lumbar es «la principal causa de discapacidad y de restricción de la vida cotidiana en todo el mundo».