Marfil Cortés es la hija de un empresario español. Vive y estudia en Nueva York, practica ballet y jamás cuenta una pesadilla antes de desayunar. Es una fuerza de la naturaleza, la parte impulsiva de una gran historia de amor y la heroína involuntaria de un peligroso entramado. Mercedes Ron la describe como "uno de mis personajes femeninos más fuertes y complejos" y siempre quiso que Ester Expósito la interpretara. Los fans de la autora conocen bien a la protagonista de Enfrentados, la bilogía con la que Ron dio un volantazo hacia un romance más adulto, con altas dosis de suspense, tras el éxito de la trilogía Culpables. El 9 de septiembre, la adaptación del primer libro, Marfil, llega a Prime Video con Expósito en la piel de la joven, tal y como la escritora soñaba. En esta primera entrega [Ébano, la segunda, se rodó de forma simultánea y llegará próximamente a la plataforma], la vida de Marfil en Nueva York da un vuelco cuando es secuestrada y liberada sin explicación.Tras el incidente, su padre la obliga a convivir con un guardaespaldas, Sebastián Moore (Hugo Diego García), y el carácter reservado de él no tarda en chocar con el temperamento indomable de ella. Sin embargo, la atracción entre ellos es innegable. Expósito, fan confesa de la obra de Ron y la saga Culpables, expande el multiverso de adaptaciones de la autora en Prime. En 2025, durante el rodaje de Enfrentados, hablamos con la madrileña sobre este nuevo reto profesional, lo que le enseñó Élite sobre el éxito y sus próximos pasos.Te habías alejado de cualquier proyecto con potencial de fenómeno tras el huracán Élite. ¿Qué te hizo decir que sí a Marfil?Últimamente, he hecho mucho terror, he hecho otras cosas, pero no había hecho una historia de amor, de chico conoce a chica, y me apetecía explorar eso, me parecía divertido. Después me leí el guion y Marfil me gustó mucho. Me identifiqué con aspectos de ella y tenía otros que me interesaba explorar.Ha sido un rodaje muy intenso, muy cansado física y psicológicamente, pero Marfil es un personaje bastante luminoso y, aunque le pasan muchas cosas, su esencia es muy viva, siempre tiene ganas de experimentar. Ha sido bonito jugar con ella. También me ha permitido rodar acción, aprender un poco de boxeo, de llaves, hacer un poquito de ballet, y todo eso es muy enriquecedor.El romance es un género muy infravalorado. ¿Qué te provoca como espectadora y como artista?No soy especialmente fan, no es el tipo de cine que más he visto, pero no lo infravaloro para nada. Igual que en la comedia, que en el terror, que en todo, hay películas maravillosas y otras que no lo son tanto. Hay películas de amor que son bellísimas. Al final, el amor es el motor de casi todo en esta vida y, si está bien hecho, te puede atravesar, y esa es una de las finalidades fundamentales del arte, atravesarte, cambiarte.El reto que me atrajo de Marfil fue evitar que la historia de amor se quedase en algo superficial, banal, sin peso. Dar esa profundidad a este romance para que sea la historia de amor más intensa, bonita y dura a la vez, compleja pero preciosa. Yo no soy cursi, pero sí soy romántica, lo vivo todo con mucha pasión e intensidad, y vi que podía ser el canal para otorgar eso a los personajes.¿Cómo se construye la química para una gran historia de amor?Nos ayudaron mucho los ensayos. Hugo y yo quedábamos para trabajar el guion, las escenas, para ver cómo hacerlo un poco nuestro. Y todo ese tiempo también nos ayudó a conocernos como personas y como actores, a entablar una buena relación. No es algo necesario, hay muchísimos casos de actores que no se soportaban y tenían una química increíble, pero llevarnos bien nos ha ayudado a entendernos, a tener una dinámica que ha hecho fácil trabajar y disfrutar. Y el amor exige vulnerabilidad por parte de los actores. Sí, totalmente. Además, nuestros personajes son dos personas muy diferentes que, de alguna forma, se complementan, pero es bonito cómo los dos hacen un viaje con su vulnerabilidad. Hay un paralelismo interesante porque tanto Marfil como Sebastián se tienen que reconciliar con su parte vulnerable, una parte que quizá rechacen o prefieran no tener. Deben aceptarla y ver qué hacer con ella.A veces, el romance en ficción confunde pasión con toxicidad. Y en la vida.Y en la vida, es verdad. Sabiendo que esta película está dirigida a un público más joven, chicas en su mayoría, ¿sientes la responsabilidad de retratar un amor que no romantiza dinámicas tóxicas?Siempre me gusta, si puedo, guiar hacia una visión buena, feminista, que nos quitemos estos conceptos erróneos de la toxicidad, de lo que es el amor o de lo que es una relación. Pero el arte es otra cosa: aunque es importante lo que cuentas y transmites, no todo lo que haga tiene que ser de cierta forma. En este caso, la historia podría caer en muchas más toxicidades de las que tiene.Marfil y Sebastián son dos personas muy distintas que están en momentos muy distintos y que, a veces, van a sufrir por esas diferencias, por no saber cómo comunicarse o por no saber dónde encontrarse. También hay muchas cosas que Sebastián le está ocultando a Marfil y obviamente eso va a ser un palo muy duro para ella. Pero son dos buenas personas que se acaban amando con locura y los acompañamos en todo el viaje para encontrar la forma de gestionar ese amor sin hacerse daño. Es una búsqueda positiva y ambos quieren lo mejor para el otro.Comentabas que Marfil te ha permitido hacer ballet. Es prácticamente el primer gran amor de la protagonista. El ballet es una parte muy importante de ella porque su madre era bailarina de ballet. Nunca se plantea ser bailarina, no es tan disciplinada como para dedicarse profesionalmente al ballet, pero es algo que le sienta bien, la conecta con su madre y se le da bien porque empezó desde pequeña. Practicarlo, ensayar, me ha acercado a Marfil.Yo hice ballet de muy pequeña, aunque muy poco tiempo porque no me gustaba, no era lo mío. Es muy difícil aprender ballet; supone un esfuerzo y un sacrificio enormes, y tardas en ver los frutos. Yo me aburrí enseguida. Tampoco soy nada disciplinada y quiero ver ya los resultados, tengo poca constancia, así que me cansé rápido. Pero me ha hecho gracia porque, aunque luego he ido a clases de otros bailes, el primer baile que hice fue ballet y esto me ha llevado a mi infancia.Marfil es un éxito literario. ¿Te ha preparado Élite para cualquier fenómeno?Élite fue una locura. Igual Marfil me sorprende y, si nos va una cuarta parte de lo bien que le fue a Élite, ya será algo bueno. También sería divertido e interesante volver a vivir un boom como el de Élite desde este otro lugar en el que estoy ahora; he pasado por mil fases de entender, de acostumbrarme, de ver cómo gestionarlo, de creer que lo he gestionado genial y luego darme cuenta de que no. Estoy mucho más preparada y en otro momento más maduro y estable.Has sabido eludir el encasillamiento después de Élite. ¿Ha sido una decisión consciente?Sí, completamente. Yo siempre tuve claro qué quería hacer con mi carrera y cómo enfocarla. Si quería conseguir esa carrera, sabía que no podía hacer solo proyectos juveniles o mainstream. Además, como actriz, no me nutriría hacer únicamente una cosa. Quiero enfrentarme a retos distintos, exprimirme al máximo, ponerme contra las cuerdas para ver de cuánto soy capaz. Eso es lo que alimenta mi pasión, lo que me mantiene. Por eso quiero hacer cuantas más cosas distintas, mejor, y he tomado decisiones para que me lleguen otras cosas: de repente, una peli independiente en México que estrenamos en Cannes; luego, una comedia de aventuras en México para Netflix; después, terror; y, ahora, una historia de amor, thriller y acción. No se puede vivir todo el rato en la intensidad y oscuridad de proyectos turbios como los que he hecho, con personajes torturados que me dejan ensangrentada perdida, porque me deprimiría, pero tampoco se puede estar todo el rato de risas. El equilibrio lleva a una carrera completa y me mantiene satisfecha. ¿Qué te aporta trabajar en otros países?Es increíble, México se ha convertido en mi segunda casa porque he pasado muchísimo tiempo ahí. Me he dado cuenta de lo enriquecedor que es trabajar con otra cultura, aprender de su gente y tener la suerte de viajar y conocer el mundo gracias a tu profesión. Marfil me ha trasladado a Nueva York, uno de mis sitios favoritos en el mundo, y me ha hecho especial ilusión rodar en lugares tan icónicos. Ejercer mi profesión en otros países es precioso y espero poder seguir haciéndolo.¿Qué destino profesional tienes en mente?Me apetece EE UU, claro, y tengo posibles cosas a futuro. Estuve dos meses en Los Ángeles a finales de 2024 para conocer un poco cómo funciona todo ahí. Me apetece trabajar en inglés en el audiovisual, como ya he hecho en teatro; es un reto nuevo al que me apetece enfrentarme.