Ni nombre ni riqueza ni hazañas mundanas necesitó el dueño de la Villa de Fuente Álamo , ese tesoro de la Roma tardía que vuelve a florecer entre los olivos de Puente Genil , para alcanzar la gloria de la inmortalidad aunque le llegue milenio y medio después de su muerte. Pueden deslumbrar el mosaico nilótico, la casa y el sarcófago, pero para la posteridad de los siglos que ni imaginaría queda la que se ha identificado como una de las mejores bibliotecas del Imperio Romano y la más occidental de las conocidas hasta ahora. El estudio de la Universidad de Granada ha llegado a la conclusión que aquel espacio que se pensaba un lugar de culto al dios Mitra... Ver Más