El plan original no tenía nada de ecológico: ganarle terreno al río a fuerza de escombros para levantar ahí el Centro Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires. Seis años después, la obra se abandonó a mitad de camino, y lo que quedó (un terreno irregular de cemento, ladrillos y suelo inundable) terminó convirtiéndose, sin que nadie lo planificara, en uno de los refugios de biodiversidad urbana más importantes de América del Sur