(ZENIT Noticias / Seúl, 31.08.2026).- “En este 180º aniversario desde la ordenación del primer sacerdote originario de Corea, San Andrés Kim Dae-geo, el número de sacerdotes diocesanos en la Arquidiócesis de Seúl llegó a mil”. Fue así como el Arzobispo de Seúl, Monseñor Peter Chung Soo-taick, anunció la gran noticia en la misa por él celebrada en la Catedral de Myeondgdong, a la cual asistieron clérigos, religiosos y cientos de fieles comprometidos con el fomento de las vocaciones en la Iglesia.La cifra se hizo pública al cumplirse en 2025 el 50 aniversario de la Asociación de Apoyo a las Vocaciones de la Arquidiócesis, fundada en 1975. En la misa de acción de gracias, Mons. Soon-taick quiso subrayar que el resultado no es obra de un plan pastoral de despacho, sino del esfuerzo sostenido de los fieles a lo largo de medio siglo.“Por la gracia de nuestro Padre bueno y amoroso, y por vuestro cuidado, vuestro apoyo y vuestros generosos aportes, hemos alcanzado un momento histórico”, afirmó.Oración, apoyo económico y formaciónLa Asociación de Apoyo a las Vocaciones trabaja sobre tres pilares perfectamente definidos y complementarios. El primero es el espiritual: oraciones y misas ofrecidas específicamente por las vocaciones sacerdotales. El segundo es el económico: donativos destinados al sostenimiento material de los seminaristas durante los años de formación. El tercero es el de la comunidad y la formación, que acompaña al futuro sacerdote y lo vincula al pueblo al que servirá.El arzobispo insistió en que ninguno de los tres es prescindible ni sustituible por los otros dos. “Una vocación es un don de Dios, sí; pero es también un don que hay que cuidar y cultivar para que llegue a su plenitud”, señaló.El dato debe leerse sobre el trasfondo del catolicismo coreano, uno de los más singulares del mundo entero. El primer sacerdote coreano, San Andrés Kim Dae-geon, fue ordenado hace ciento ochenta años, en 1845, y murió mártir poco después de su ordenación. Es hoy el patrono del clero coreano y su figura sigue siendo referencia obligada para los seminaristas del país.La arquidiócesis de Seúl cuenta actualmente con más de un millón y medio de católicos. Hace dos años, la proporción era de 1.385 fieles por cada sacerdote, comparativamente baja si se contrasta con la media mundial.Fe acrisolada en la persecución y el martirioMientras numerosas diócesis europeas fusionan parroquias y cierran seminarios, una arquidiócesis asiática coreana alcanza el millar de presbíteros y la comunidad de laicos rezando por las vocaciones, sosteniéndolas económicamente y formándolas con exigencia, sin diluir la identidad propia del sacerdocio ni adaptarse al espíritu de la época.La Iglesia en Corea no nació de una estrategia pastoral ni de un programa de adaptación cultural: nació de laicos que leyeron libros de doctrina, se convencieron de su verdad y pidieron sacerdotes; y se templó después en la persecución y en la sangre de los mártires.La historia de la Iglesia católica en Corea es muy singular, porque Corea es uno de los pocos países donde el catolicismo fue introducido inicialmente por laicos coreanos, antes de la llegada de sacerdotes misioneros.El encuentro con el cristianismo: siglo XVIIIEl catolicismo llegó a Corea en un contexto muy particular. Durante el siglo XVIII, algunos intelectuales coreanos tenían contacto con libros occidentales introducidos desde China. Entre ellos se encontraba Yi Seung-hun, quien viajó a Pekín en 1783-1784.Allí recibió el bautismo y, al regresar a Corea, comenzó a bautizar y enseñar a otros. Así nació una primera comunidad católica sin sacerdotes permanentes.Uno de los primeros grandes protagonistas fue Yi Byeok, intelectual que estudió las enseñanzas cristianas y ayudó a organizar la comunidad.La llegada de los sacerdotesDurante varios años los católicos coreanos vivieron su fe prácticamente solos. Finalmente, en 1794 llegó clandestinamente el sacerdote chino Zhou Wen-mo, enviado por la Iglesia para atender a la comunidad. Encontró ya una comunidad relativamente organizada.Pero el cristianismo comenzó a ser visto por las autoridades como una amenaza, tanto religiosa como social. Los católicos rechazaban determinados ritos tradicionales que las autoridades consideraban parte del orden social y familiar.Entre los siglos XVIII y XIX hubo varias persecuciones importantes. Miles de cristianos murieron por su fe.Uno de los mártires más importantes es san Andrés Kim Taegon, nacido en 1821. Fue el primer sacerdote coreano. Después de formarse en el extranjero, regresó clandestinamente a Corea para ejercer su ministerio. Fue arrestado y ejecutado en 1846, a sus 25 años.Su historia es extraordinaria porque representa a una Iglesia que quería sacerdotes propios y no solamente misioneros extranjeros.La canonización de los mártiresLa sangre de aquellos primeros cristianos se convirtió en semilla para la Iglesia coreana.En 1984, durante su visita a Corea, el papa san Juan Pablo II canonizó a 103 mártires coreanos. La canonización tuvo lugar en Seúl, algo extraordinario porque normalmente las canonizaciones se celebraban en Roma.Entre ellos se encontraba san Andrés Kim Taegon.Hoy existen numerosos lugares relacionados con aquellos mártires, entre ellos Jeoldusan, en Seúl, donde muchos cristianos fueron ejecutados.El crecimiento de la Iglesia durante el siglo XXDespués de las persecuciones, la Iglesia comenzó a consolidarse. La llegada de congregaciones religiosas y misioneros permitió desarrollar escuelas, hospitales,seminarios, obras de caridad, publicaciones y asociaciones de laicos.Durante la ocupación japonesa de Corea (1910-1945), los católicos también tuvieron que afrontar nuevas dificultades.Después de la Segunda Guerra Mundial, la península quedó dividida en Corea del Norte y Corea del Sur. La Iglesia sufrió especialmente en el Norte, donde el régimen comunista persiguió a sacerdotes, religiosos y laicos. Y en los años sesenta sufrieron otra grave persecución.La Iglesia coreana hoyActualmente la Iglesia católica tiene una presencia muy significativa en Corea del Sur. Cuenta con millones de fieles, numerosas diócesis, sacerdotes, religiosos y una fuerte participación de los laicos.Una característica especialmente interesante es precisamente esa participación laical, que tiene sus raíces en los comienzos de la evangelización.También existe una profunda espiritualidad martirial. Los santos coreanos no son solamente figuras del pasado: sus tumbas y lugares de martirio son centros de peregrinación.La historia de la Iglesia en Corea, nacida de la búsqueda de la verdad, fortalecida en la persecución y fecundada por la sangre de sus mártires, se proyecta ahora hacia el futuro.En agosto de 2027, Seúl recibirá a jóvenes de todo el mundo para la Jornada Mundial de la Juventud, en un encuentro que tendrá como lema: «¡Tengan valor! Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).De esta manera, la Corea que un día recibió el Evangelio en medio de grandes dificultades se convertirá ahora en anfitriona de una nueva generación de peregrinos. La historia continúa: la semilla que fue regada con sangre de mártires vuelve a florecer en el corazón de miles de jóvenes llamados a llevar el Evangelio al mundo.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace. The post El sorprendente caso de la diócesis asiática que supera los mil sacerdotes: un éxito de Dios por medio de laicos appeared first on ZENIT - Espanol.