Los accidentes domésticos están a la orden del día. Por mucho cuidado y cariño que se ponga en las tareas del hogar, los imprevistos surgen y las incidencias se multiplican, cuestiones que pueden dar lugar a momentos en los que el pánico gana protagonismo hasta que la calma recupera su lugar y ayuda a encontrar las mejores soluciones.Esto sucede, sin ir más lejos, con un elemento cotidiano como las baldosas del hogar. En ellas, la caída de cualquier objeto puede provocar una fisura que acaba por convertirse en un problema especialmente molesto cuando aparece en una zona visible. Lo habitual es que este tipo de situación se produzca con los azulejos de la cocina o el cuarto de baño, pero cualquier estancia que cuente con ellos corre el mismo peligro.El truco casero para disimular fisuras en la cerámica del hogar Un azulejo roto afea el aspecto de la estancia - PexelsAnte esa situación la mente hace siempre el mismo ejercicio: buscar el lugar donde se guardaron los azulejos de recambio y pensar en sustituir la pieza completa. Sin embargo, no siempre es necesario llegar a ese extremo. Cuando el desperfecto es pequeño, existe una alternativa que permite recuperar la pieza sin tener que desmontarla. El procedimiento requiere pocos materiales y busca que la zona reparada quede integrada con el resto de la superficie.Porque ver una baldosa resquebrajada no es plato de gusto, este truco va a permitir a quienes tienen esa imagen ante sí cada día poner solución al problema sin necesidad de pasar por el proceso de cambio completo. Son pasos sencillos, no se trata de un arreglo apto solo para los más aplicados en materia de reparaciones. Guía paso a paso: limpieza, masilla y lijado de precisiónEl primer paso consiste en limpiar a fondo la zona afectada. Es necesario retirar cualquier resto de grasa, polvo, jabón, cal o suciedad que pueda impedir que el producto se adhiera correctamente a la superficie. Se trata de que la solución sea útil y duradera, por lo que cumplir de forma escrupulosa con cada etapa es fundamental. Una vez preparado el lugar, se puede comenzar con el relleno de la fisura.Para ello se utiliza masilla o pasta específica para cerámica, que debe introducirse en la grieta con ayuda de una espátula pequeña. El objetivo es rellenar completamente el espacio y conseguir que el producto quede al mismo nivel que la superficie de la baldosa o el azulejo. De ese modo, la brecha que antes era visible ahora desaparecerá gracias a la acción de relleno de la masilla. En este punto, es importante señalar que cada 'manitas' debe seguir las indicaciones de su masilla y respetar el tiempo de secado estipulado antes de continuar con el proceso. Una vez seca, se puede pasar una lija fina para eliminar irregularidades y conseguir una superficie uniforme.Por último, falta adecentar el trazado en que se ha incluido la masilla para fijar la grieta en cuestión. Aquí habrá quien quiera rematar el trabajo haciendo honor al arte japonés del kintsugi, consistente en el empleo de una laca especial mezclada con polvo u hojas de oro para resaltar las cicatrices.Para los más puristas y que quieran conservar el color original de las piezas cerámicas del hogar, bastará con aplicar pintura o esmalte del mismo color que la pieza sobre la zona que se ha rellenado. Cuanto más fino sea el trabajo, mejor será el aspecto definitivo de nuestro azulejo reparado.De este modo, se evita un trabajo integral de sustitución de la pieza fracturada que, incluso, podría comprometer al resto de piezas colindantes. En ocasiones, al retirar una baldosa fisurada el pegamento inferior y la fuerza que aplica entre azulejos puede provocar rupturas en elementos sanos, por lo que optar por una reparación sencilla en primera instancia puede ser a la vez una solución práctica y un ahorro de males mayores.