De París al Cabo Norte en un Porsche 356

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La historia de los Malavieille es de esas épicas sobre ruedas que el tiempo sepultó en el olvido hasta que una fotografía en color —toda una rareza para la época— emergió en un foro de coleccionistas. En ella, un joven sonríe a bordo de un ferri entre fiordos noruegos junto a un deportivo plateado con matrícula de París 1945 CJ 75. Detrás de la imagen se esconde una hazaña inolvidable: 10.000 kilómetros de ida y vuelta de París a Honningsvåg (el punto más septentrional accesible en coche por aquel entonces), completados en cuatro semanas por una familia de cuatro miembros. El artífice de la hazaña fue Louis Malavieille, arquitecto, pionero industrial y apasionado de la ingeniería automotriz. Convencido de que la fiabilidad y agilidad de su recién adquirido 356 superaría los castigados caminos de grava del norte de Europa, acondicionó el cupé de forma ingeniosa. Para ganar espacio interior, desmontó los asientos traseros para acomodar el equipaje y los sacos de dormir. Sus hijos, Patrice y Franc-Loup (de 11 y 13 años), viajaron sobre el propio pasillo de carga, aprovechando el calor residual del motor trasero para combatir el frío. Como único equipamiento especial de ruta, Louis instaló dos faros amarillos adicionales en el frontal para mantener la visibilidad durante las interminables jornadas nórdicas. A nivel de resistencia mecánica, el viaje exigió máxima prudencia: en tramos críticos como el fiordo de Geiranger, Louis tuvo que gestionar con maestría el sobrecalentamiento de los frenos por las acusadas pendientes, deteniéndose a refrescar la mecánica y abastecerse de agua de manantial. Tras cruzar Bélgica, Países Bajos, Dinamarca y bordear la costa noruega, la familia atravesó Laponia hacia Finlandia. Allí compartieron vivencias con el pueblo sami, decorando el deportivo con ramas de enebro y cornamentas de reno como testimonio del viaje. El 356 completó la hazaña sin registrar un solo fallo mecánico. Aquel recorrido sembró en los Malavieille una pasión incondicional por la marca de Stuttgart que perdura tres generaciones después. Décadas más tarde, Franc-Loup logró culminar el trayecto hasta el propio Cabo Norte a bordo de un 911 moderno, completando el mapa que su padre trazó en 1955 sobre las pistas de grava escandinavas.