Dormir con el aire acondicionado encendido puede costar menos que un café, pero esa comparación solo describe ciertos equipos y viviendas. No existe un precio nocturno universal: el recibo cambia según la potencia, la eficiencia, el valor del kilovatio hora y el calor que entra en la habitación mientras sus ocupantes duermen.La tecnología inverter ha cambiado la forma de consumir electricidad. Tras alcanzar la temperatura elegida, el compresor puede reducir el ritmo y mantener la estancia con menos potencia. En una casa bien protegida del calor, la fase de mantenimiento exige menos esfuerzo que enfriar de nuevo una habitación recalentada.También importa la mano que maneja el termostato. Seleccionar 16 grados no hará que el equipo expulse aire más frío ni que llegue antes a una consigna razonable; prolongará el trabajo hasta perseguir una meta difícil de alcanzar. Cada grado adicional de diferencia cuenta cuando fuera todavía hace calor.Una temperatura estable cambia el consumoEl asesor energético Álex Bermúdez sostiene que una noche completa puede salir por debajo del café de la mañana, según recoge Tododisca. Su recomendación es fijar entre 23 y 25 grados y evitar los cambios continuos; calcula que cada grado que se baja eleva el gasto entre un 6% y un 8%. El temor sigue pesando: seis de cada diez españoles usan el equipo menos de lo que desearían, según un barómetro de climatización.En los modelos inverter, dejar que la máquina module puede ser más sensato que apagarla al sentir el primer golpe de frío y encenderla cuando vuelve el bochorno. El mecánico Juan José Ebenezer también desaconseja cortar el equipo cada pocos minutos. La recomendación se refiere a periodos de ocupación: mantener vacía y fría una vivienda durante muchas horas supone pagar por un confort que nadie aprovecha.Las paredes también decidenUna habitación orientada al oeste puede seguir recibiendo calor de paredes, techo y muebles después de ponerse el sol. Persianas bajadas, toldos, ventanas cerradas durante las horas cálidas y filtros limpios reducen la carga que soporta el compresor. Cuando el exterior está más fresco, ventilar con criterio puede ahorrar más que tocar varias veces el mando. El aislamiento decide buena parte del resultado.Para calcular el coste real hay que consultar la potencia absorbida o, mejor aún, medir el consumo con el propio sistema del aparato o un medidor compatible. La operación básica multiplica los kilovatios hora consumidos por el precio efectivo de la tarifa. En noches húmedas, la sensación de bochorno puede bajar con el modo Dry, aunque esta función deshumidifica y no sustituye siempre al modo frío.El temporizador y el modo sueño aportan otra forma de ajustar el uso. Según el modelo, permiten elevar la consigna de manera gradual o reducir el caudal durante la madrugada, cuando la carga térmica suele bajar. Antes de activarlos conviene revisar el manual, porque cada fabricante programa respuestas distintas. La función correcta depende del aparato y de si el problema principal es temperatura, humedad o ruido en el dormitorio.La comparación con el café sirve para quitar miedo a un uso razonable, pero no garantiza una cantidad idéntica en todos los hogares. Con una consigna moderada, puertas cerradas y un aparato capaz de regular su potencia, el consumo puede mantenerse contenido. Si la vivienda pierde el frío, la cuenta empieza mucho antes de acostarse, cuando el sol calienta paredes y ventanas.