La ausencia y la tardanza en actuar de las administraciones públicas, que la inmensa mayoría de ceutíes atribuye al Gobierno de Pedro Sánchez, pero también al de Juan Jesús Vivas, han provocado que, durante semanas, hayan sido las ONG sobre el terreno y las asociaciones de vecinos de los barrios más populares las que más información han acumulado sobre la dimensión real de la crisis humanitaria. Ceutíes comprometidos y cooperantes han montado, en estrecha colaboración, un dispositivo humanitario informal con el que han prestado atención sanitaria, protección a mujeres y menores y manutención a miles de migrantes. Su experiencia y el trato directo con estas personas siguen siendo cruciales para las instituciones, incluso ahora, cuando el despliegue de medios por fin se ha activado y sus efectos comienzan a sentirse en las calles.Como cada martes por la mañana, el Área de Menores, dependiente de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales, ha convocado una reunión con los principales colectivos. Según varias fuentes presentes, al encuentro semanal, presidido por la responsable del este servicio en la ciudad autónoma, la exlíder socialista ceutí Toñi Palomo, asisten representantes de UNICEF, Save the Children, Médicos del Mundo, Elín, Humanitarios Sin Fronteras, Cruz Blanca y Sur Acoge. La responsable de Menores les ha explicado que la ciudad va a abrir esta misma mañana un nuevo centro de acogida temporal de menores para niñas en una de las naves acondicionadas del polígono de El Tarajal, al que se sumará otro para los chicos en cuanto esté listo.En el encuentro también se les ha comunicado que a esa nueva instalación serán trasladadas este mismo martes 70 niñas y adolescentes que, durante semanas, han sido acogidas junto con dos centenares de mujeres y sus hijos pequeños en el campamento que dispuso la asociación de vecinos de la barriada de Sidi Embarek, en una carpa construida junto a la mezquita del mismo nombre. Las menores han abandonado esta mañana esa instalación vecinal junto a agentes de la Policía Nacional, que las han conducido hasta el polígono. Una vez allí, han sido filiadas por los agentes.En el campamento de la asociación de vecinos del barrio de El Príncipe, uno de los más desfavorecidos de Ceuta y donde ha llegado a haber casi 400 personas entre mujeres, chicas, adolescentes y niños pequeños, esperaban un realojo similar de las aproximadamente 200 menores que, según su presidente, Ahmed Enfeddar, todavía este martes permanecían en el poblado improvisado sobre una pista deportiva. Las madres y sus hijos pequeños ya fueron trasladadas este lunes a tres carpas construidas por el Ministerio de Inclusión en un picadero de la Hípica de Ceuta. Una de las colaboradoras del líder vecinal asegura que en su nuevo emplazamiento se encuentran mucho mejor.Durante la reunión con los responsables de Menores de Ceuta, dos de las ONG presentes, Médicos del Mundo –que cada día pasa consulta en El Tarajal junto con Cruz Roja y todavía no han recibido la autorización oficial para ejercer una labor que desarrolla desde hace semanas– y Save the Children, han advertido de que sus cooperantes han sido testigos durante semanas de la presencia de niñas y adolescentes menores que atravesaron solas la frontera y que permanecían también en las chabolas que los migrantes levantaron en el polígono industrial con palés, plásticos, alfombras y neumáticos viejos.Se trataba de una información desconocida para la Administración autonómica, también desbordada por la situación. Las asociaciones que trabajan sobre el terreno alertan cada día del descontrol de la situación por parte de los gobiernos implicados y de cómo numerosos problemas tienen que resolverse pidiendo favores o de manera improvisada. Son los cooperantes quienes, por ejemplo, advierten de que las cifras de migrantes son mucho mayores de las manejadas por el Gobierno –el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, habló de 5.000 en su comparecencia en el Congreso–, basándose, entre otros indicadores, en el número de comidas que reparten Cruz Roja y la asociación benéfica Luna Blanca..En el caso de las menores de El Tarajal, todas de origen magrebí, la solución improvisada ha consistido en que Médicos del Mundo y Save the Children las buscaran entre las tiendas y las condujeran hasta la nave, donde todavía quedaban 12 plazas libres. Dos miembros de la ONG sanitaria y tres de la de protección a la infancia, acompañadas de otras dos cooperantes de No Name Kitchen, han empezado a preguntar entre los migrantes y a buscar por las chabolas. No ha sido un trabajo fácil. Algunas de las chicas, todas adolescentes, no querían separarse de los amigos con los que cruzaron la frontera. A otras han sido mujeres que no tenían la misma posibilidad de ser trasladadas quienes han logrado convencerlas para dejar la chabola. La que parecía más pequeña ha necesitado la ayuda del resto: llevaba una pierna vendada y caminaba con una muleta. Todas tenían aspecto de no haberse aseado ni cambiado de ropa en muchos días.La distancia entre el punto en el que las han reunido y el portón de la nave rehabilitada como centro social era escasa, unos 200 metros, pero llegar hasta allí no ha sido fácil. "¡Hay que sacarlas de aquí cuanto antes!", dice una de las voluntarias de Save the Children. La caravana de chicas y cooperantes ha tenido que parar en varias ocasiones debido a la afluencia constante de otros migrantes, sobre todo chicos, que querían que se los llevaran a ellos también. Las cooperantes, tres de las cuáles hablaban árabe, han tenido que emplearse a fondo para evitar que todos las acompañaran hasta la puerta de la nave. La prioridad era evitar un tumulto que frustrara la oportunidad de sacar de la calle a las niñas. En total, han localizado a 13 menores, una más que las plazas disponibles en la nueva instalación de servicios sociales, algo que, en principio, no ha frenado a los voluntarios. Se las han llevado a todas.Tras una rápida gestión, los miembros de las ONG han conseguido resolver los obstáculos planteados inicialmente por los agentes de policía, que no estaban al corriente de lo acordado en la reunión. En pocos minutos, las niñas han accedido a la nave, donde, tras revisar sus pertenencias, han sido filiadas por unos agentes que las han tratado con especial cuidado. Lo mismo ha ocurrido con el personal del nuevo centro. Solo una de las 13 chicas ha tenido que quedarse fuera y regresar al asentamiento. ¿La razón? Semanas antes había ingresado en otro centro de menores, pero terminó escapándose para volver con sus compañeros y dormir de nuevo entre cartones. La impulsividad propia de la adolescencia se convierte, en situaciones como esta, en un factor más de su enorme vulnerabilidad.