El tiempo parece haberse detenido alrededor de Federico. A sus 93 años, vive solo y sin electricidad en medio de un frondoso bosque de Asturias. A su alrededor, un pueblo que ya no es, sin carreteras, con viviendas y cuadras que los vecinos han ido abandonando y un río que empieza a quedarse sin agua. Pero él sigue allí, viviendo como hace 100 años, con sus mascotas y sus bastones para moverse por las pendientes del bosque. Seguir leyendo....