Un precio de escándalo y un cese fulminante para Steve Jobs. La caótica historia del primer gran fracaso de Apple

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Steve Jobs pasó a la historia como el hombre que inventó el ordenador personal tal y como lo entendemos hoy, pero antes de llegar ahí tuvo que estrellarse con todas las consecuencias. El Apple Lisa fue ese golpe. Un proyecto que arrancó como la gran apuesta de Apple por convertirse en algo serio y que acabó siendo la prueba de que ni siquiera Jobs acertaba siempre a la primera.Lo curioso es que ese fracaso lleva el nombre de su propia hija, una hija a la que Jobs pasó años sin querer reconocer en público mientras el ordenador que llevaba su nombre acumulaba retrasos, subidas de precio y una purga interna que terminó expulsando al propio Jobs del proyecto antes siquiera de que llegara a las tiendas. {"videoId":"x8vmu4c","autoplay":true,"title":"COMPRÓ 7.000 ORDENADORES APPLE para revenderlos, PERO APPLE SE LOS QUITÓ Y TIRÓ A UN VERTEDERO", "tag":"Webedia-prod", "duration":"346"} Una niña que Jobs no quiso reconocer, y un ordenador que síLisa Brennan nació el 17 de mayo de 1978, hija de Jobs y de su entonces pareja, Chrisann Brennan. Jobs negó la paternidad durante años, incluso llegando a firmar documentos legales en los que aseguraba ser estéril, mientras Lisa tuvo que recurrir a pruebas de sangre y a la vía judicial para conseguir que reconociera a la niña y aportara una pensión. Apple Lisa En paralelo a todo ese conflicto, Apple trabajaba en un nuevo ordenador de empresa al que, en algún momento de su desarrollo, decidieron ponerle el nombre de Lisa. Como Jobs seguía en plena disputa legal por la paternidad, no podía admitir en público de dónde venía el nombre, así que se inventó sobre la marcha el acrónimo "Local Integrated Systems Architecture" para salir del paso.Dentro de la propia Apple corría la broma de que en realidad significaba "Let's Invent Some Acronym", burlándose de lo forzado que sonaba aquello. Jobs tardó años en admitirlo, y ya en su biografía con Walter Isaacson reconoció que el ordenador se llamaba así por su hija. El proyecto nace en 1979 sin nada de lo que le hizo famosoEl Lisa echó a andar el 30 de julio de 1979. La idea original no tenía nada que ver con lo que Apple acabaría lanzando cuatro años más tarde. Se planteaba como una alternativa más potente que el Apple II. Con una interfaz bastante convencional para la época, y con un precio objetivo de 2.000 dólares, el equivalente a poco más de 9.100 dólares actuales.El giro llegó ese mismo año, cuando Jobs visitó las instalaciones de Xerox PARC en Palo Alto. Apple había conseguido esa visita a cambio de dejar que Xerox invirtiera un millón de dólares antes de la salida a bolsa de la compañía, y lo que Jobs vio allí rompió la cabeza.  Interfaz de Xerox Un ordenador con interfaz gráfica, ventanas y un ratón para moverse por la pantalla, algo que en Apple ni siquiera estaba sobre la mesa hasta ese momento. Steve Jobs volvió decidido a reconstruir el Lisa desde cero para convertirlo en el primer ordenador comercial con ese tipo de interfaz.La salida forzada de JobsEse cambio de rumbo disparó la complejidad y el coste del proyecto. Cada nueva función que se añadía alejaba más al Lisa de aquel precio inicial de 2.000 dólares. Y fue cuando le llegó el turno a Jobs. En septiembre de 1980 fue expulsado del propio equipo del Lisa por resultar (según sus compañeros) imposible de gestionar dentro del proyecto.Jobs no se quedó de brazos cruzados y se incorporó casi de inmediato a otro proyecto. Por entonces era poco más que un experimento paralelo dentro de Apple y que terminaría convirtiéndose en el Macintosh. En Applesfera Apple acusó a Microsoft de robar el diseño del Mac, pero un viejo contrato firmado por ellos mismos le dio vía libre a Windows 9.995 dólares y un fracaso anunciadoEl Lisa terminó saliendo a la venta en enero de 1983 con un precio de 9.995 dólares, más de 33.500 dólares de hoy en día. Aquel precio convertía al ordenador en un artículo de lujo inalcanzable, por muy avanzada que fuera su tecnología. Y de avanzada tenía bastante: interfaz gráfica, ratón, memoria virtual y multitarea en un momento en el que la mayoría de ordenadores personales seguían funcionando a base de comandos escritos. El mercado le dio la espalda casi desde el primer día. En sus tres años de vida, el Lisa apenas vendió unas 30.000 unidades, un fracaso comercial que Apple no pudo aguantar por mucho tiempo.7.000 ordenadores bajo tierraApple canceló la línea del Lisa en 1985, dejando unas 7.000 unidades sin vender acumulando polvo en un almacén. Un empresario llamado Bob Cook, llegó a un acuerdo para quedárselas y venderlas actualizadas a un precio más asequible. Bob Cook Apple, sin embargo, tenía una cláusula que le obligaba a destruir el stock si no lo vendía por su cuenta antes de una fecha determinada. Así que en 1989 recuperó todas las unidades que Bob no había logrado colocar y las enterró en un vertedero de Logan, en el estado de Utah. El Lisa terminó bajo tierra, literalmente.Lo que Apple no pudo enterrar fue el trabajo que había detrás de todo aquello. Buena parte de lo que el equipo del Lisa desarrolló en interfaz gráfica y manejo con ratón terminó reapareciendo (mucho mejor pulido) en el Macintosh que salió al año siguiente. El fracaso más caro de Jobs acabó siendo, sin que él lo planeara así, el borrador de su próximo gran éxito.En Applesfera | Los 11 libros que enseñaron a Steve Jobs a liderar y convertir a Apple en la empresa que es hoyEn Applesfera | Nuevo iPhone plegable - Todo lo que creemos saber sobre él (function() { window._JS_MODULES = window._JS_MODULES || {}; var headElement = document.getElementsByTagName('head')[0]; if (_JS_MODULES.instagram) { var instagramScript = document.createElement('script'); instagramScript.src = 'https://platform.instagram.com/en_US/embeds.js'; instagramScript.async = true; instagramScript.defer = true; headElement.appendChild(instagramScript); } })(); - La noticia Un precio de escándalo y un cese fulminante para Steve Jobs. La caótica historia del primer gran fracaso de Apple fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .