La fibra no solo ayuda a ir al baño. También sirve de alimento para buena parte de las bacterias en nuestro intestino. Cuando estos microorganismos dejan de recibir suficientes nutrientes vegetales, algunos buscan una fuente alternativa. El problema es que pueden encontrarla en la capa de moco que protege las paredes intestinales.Dos nuevos estudios han analizado cómo la dieta modifica la actividad química de la microbiota. Los resultados apuntan a que la fibra y ciertas proteínas vegetales difíciles de digerir reducen la degradación de esa barrera. Además, favorecen la producción de metabolitos relacionados con una mejor salud intestinal y un peso corporal saludable.La fibra protege el muro del intestinoLas investigaciones fueron dirigidas por científicos del Instituto Ludwig para la Investigación del Cáncer y la Universidad de Princeton. Uno de los trabajos se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. El segundo apareció en Nature Metabolism. Ambos se centraron en los compuestos que se generan cuando las bacterias procesan diferentes aminoácidos. Suscríbete a la newsletter de Andro4allAlgunas de estas sustancias pueden resultar beneficiosas. Por ejemplo, el ácido hipúrico y el fenilpropionato se han asociado con una buena salud intestinal. Sin embargo, otros compuestos, como el sulfato de p-cresol y el sulfato de fenol, están relacionados con toxicidad en pacientes con enfermedad renal y peores resultados en algunos cánceres.Para conocer su origen, los investigadores marcaron proteínas con isótopos estables. Estos funcionan como una especie de rastreador químico y permiten saber de dónde procede cada metabolito. Así descubrieron que los compuestos favorables nacían principalmente de proteínas vegetales resistentes a la digestión. En cambio, los potencialmente perjudiciales aparecían cuando los microbios descomponían proteínas del propio organismo.Entre ellas se encuentran las mucinas, que forman la capa de moco encargada de separar a los microorganismos de las células intestinales. Es una barrera especialmente importante si tenemos en cuenta que algunos cambios en la microbiota intestinal pueden estar relacionados con enfermedades. Cuando faltaba fibra, las bacterias recurrían con mayor frecuencia a estas proteínas del huésped.La fibra redujo ese comportamiento. Al mismo tiempo, determinadas proteínas vegetales llegaban prácticamente intactas al colon y alimentaban allí a los microorganismos. Los autores las han denominado Prif, abreviatura en inglés de “proteínas que imitan a la fibra”. El hallazgo refuerza la idea de que la alimentación puede cambiar rápidamente el funcionamiento de este ecosistema interno.El segundo estudio también comprobó que algunos metabolitos atribuidos hasta ahora exclusivamente a la microbiota pueden ser fabricados por las propias células del organismo. Esto significa que modificar las bacterias mediante dietas o probióticos no siempre producirá el efecto esperado. Los trabajos se realizaron principalmente con ratones, ratas y células humanas, por lo que todavía será necesario confirmar sus consecuencias clínicas en personas.