Hablar de tauromaquia en España es hablar de Andrés Roca Rey. El torero peruano debutó como novillero en nuestro país hace 13 años y desde entonces ha desarrollado la mejor alternativa de su generación hasta la fecha. Sólo este verano ha recogido éxitos en Santander, Pamplona, Estepona y Ciudad Real y ya encara su siguiente faena en El Puerto de Santa María. Pero no siempre tuvo claro este futuro. De pequeño, cuando apenas tenía 9 años, era un niño «tímido». Le costaba hablar con sus compañeros del colegio hasta que su afición por los toros le salvó. «Me ayudaba a poder expresarme, digamos que el toreo salvó al niño no quedarse callado». El diestro confesó en el podcast 'A solas con' de Vicky Martín Berrocal que durante su infancia tuvo problemas para comunicarse. No eran los nervios propios de una personalidad introvertida por naturaleza, sino que el peruano había sufrido una dura experiencia que le llevó a encerrarse en sí mismo. «Mi papá un año antes había tenido un infarto y estuvo gravísimo. Corrí el riesgo de perderle. Nadie sabe cómo, sobrevivió. Fueron momentos muy muy desagradables, la verdad, no me gusta acordarme de ellos. Sufrimos muchísimo», explicó. Aquella viviencia le provocó un trauma que sólo pudo curar con la ayuda profesional de un psicólogo. El colegio tenía un psicólogo propio «para que tú te desahogaras, para que hablaras, para que pintaras y se lo ponían a todos los niños de vez en cuando». Después del infarto de su padre, el pequeño Andrés necesitó una ayuda mayor: «Empecé a ir fuera del colegio a un psicólogo cuando mi mamá y mi papá se dieron cuenta de que lo necesitaba». Tenía miedo de ir al colegio y, que al volver, no estuvieran sus padres en casa. «Yo lloraba todos los lunes. No quería ir al colegio. Lo pasaba fatal, sentía que se acababa el mundo. O sea, que me iba al colegio y ya no iba a poder volver a ver a mis papás o estar con mi familia», explicó. «En ese momento sufrí un poquito, tenía ese miedo de perder a alguien. Me iba de mi casa el lunes y decía: 'Se me ha pasado muy rápido el fin de semana. Casi no he estado con mi papá, he estado con mis amigos o donde sea y, oye, yo quiero estar con mi papá. A ver si me voy a ir y va a pasar lo mismo que pasó hace un año'. Entonces sí es verdad que ese momento me afectó mucho» En esa misma entrevista agradeció que esos miedos que tenía de niño no se cumplieron. «Como en todas las familias hay problemas o lo que sea, pero tuve una familia increíble y la sigo teniendo. Agradezco a la vida, vivo en gratitud, porque los sigo teniendo vivos y yo estoy ahí con ellos». Recordemos que el torero nació el 21 de octubre de 1996 en Lima (Perú) y que su familia sigue en su país natal. «Por supuesto me da mucha pena no poder vivir con ellos, porque viven en el Perú», apuntó. Es la misma familia que le transmitió la pasión por la tauromaquia. Su bisabuelo por parte paterna introdujo esta tradición que se transmitió de generación en generación hasta Andrés y sus hermanos. El diestro es hermano del también matador de toros Fernando Roca Rey. Además, su tío José Antonio fue durante mucho tiempo rejoneador y su abuelo estuvo mucho tiempo de administrador de la plaza de toros de Lima.