Edición original: The Once and Future Riot (Metropolitan Books, 2025)Edición nacional/España: El Disturbio Eterno (Reservoir Books, 2025)Guion: Joe SaccoDibujo: Joe SaccoEntintado: Joe SaccoTraducción: Montse Meneses VilarRealización técnica: M. I. Maquetación S.L.Formato: Cartoné. 144 páginas. 22,90€La violencia en democracia, de aquí a IndiaHablar de Joe Sacco implica hablar de uno de los pocos autores que logró convertir al cómic en una herramienta periodística. Hace poco más de un año hablábamos en este espacio sobre Un Tributo a la Tierra fruto también de varios años de trabajo de campo, y cerrábamos entonces diciendo que era la mejor obra de su bibliografía. Con El Disturbio Eterno podemos volver a discutir un posible ranking, dado que Sacco sigue encontrando maneras de incomodar, de meterse en un conflicto ajeno y devolverlo convertido en un espejo para cualquier otro rincón del planeta donde dos comunidades convivan con la violencia.El punto de partida es un hecho concreto pero, a la vez, una excusa. En 2013, en el distrito de Muzaffarnagar, estado de Uttar Pradesh, un episodio de violencia entre hindúes y musulmanes dejó varias decenas de muertos y decenas de miles de desplazados, con cifras exactas difíciles de establecer entre versiones cruzadas, verdades a medias y falsedades directas. No fue el primer hecho de este tipo en la India ni será el último. El autor marca desde el inicio que un disturbio nunca es solamente un disturbio, sino que es la expresión más reciente de tensiones históricas, desigualdades estructurales y estrategias políticas que exceden ampliamente el episodio puntual.Joe Sacco viajó a la zona en 2014, un año después de los hechos, y luego dejó macerar el material recabado de primera mano mientras se dedicaba a otros proyectos. El Disturbio Eterno tuvo finalmente su publicación en 2025 en inglés y en castellano, y en nuestro idioma llega de la mano de Reservoir Books. Lo que hace Sacco a lo largo de estas páginas es una tarea casi detectivesca: entrevista a funcionarios, políticos de distinta relevancia, abogados, periodistas, líderes religiosos, referentes de las comunidades y campesinos, contrastando versiones muy distintas de los mismos hechos. El asunto que desencadena los disturbios ni siquiera está del todo claro: ¿un acoso callejero que termina en homicidio? ¿una pelea que escala hasta el linchamiento? Allí es donde el libro empieza a ser realmente interesante en su narrativa: no en la reconstrucción del hecho, sino en la forma en que cada testigo cuenta su propia versión, funcional siempre a su postura, y en cómo esas versiones conviven sin resolverse nunca en una sola verdad. Como en sus mejores trabajos, Sacco confronta relatos contradictorios sin ocultar sus propias dudas ni los límites de su mirada; no se presenta como un narrador omnisciente, sino como un periodista que escucha, compara, sospecha y vuelve a preguntar.Ese cruce de versiones termina superando en importancia al tema que trata en superficie. El verdadero centro de El Disturbio Eterno no son tanto los sucesos de 2013 como la maquinaria de relatos que los hace posibles, y que los vuelve a posibilitar cada tanto y que además los deja impunes. Sacco, por ejemplo, reconstruye la manera en que un video de Facebook (filmado años atrás en Afganistán, ajeno por completo a los hechos) circuló como prueba de un crimen que nunca existió y encendió una de las mechas para la violencia, una muestra elocuente de la era de la posverdad que ofrece en este libro. A partir de ahí traza el modo en que policías y políticos miraron para otro lado cuando no participaron directamente, y cómo el odio sectario terminó siendo además de una tragedia humana, un negocio electoral. El libro estira la historia hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, desde la partición de 1947 hasta los disturbios de Gujarat de 2002, para mostrar cómo la carrera política del actual Primer Ministro Narendra Modi está directamente relacionada con hechos de este tipo, piezas de un mecanismo mucho más grande que el episodio puntual que le da título al libro.En el apartado gráfico estamos ante el estilo habitual de Joe Sacco: línea negra, gruesa y clara, personajes que bordean la caricatura sin perder individualidad, y el propio autor apareciendo constantemente en la escena, cuaderno en mano, como periodista que también es parte de la historia. Esa marca de mostrar el propio proceso de trabajo periodístico como parte del relato, con sus dudas, los testimonios que se contradicen entre sí, la imposibilidad declarada de llegar a una verdad única, es de las grandes virtudes del libro y del autor. El Disturbio Eterno no es una lectura ligera. Se siente denso, investigativo, por momentos abrumador. Si bien no es un libro extenso, es desafiante leerlo de una sola vez; merece pausas y alguna relectura. Su estructura tiene algo de circular: la información que vamos incorporando a lo largo de la lectura sirve, al volver al principio, para entender mejor lo que se leyó casi sin contexto la primera vez. En tiempos de periodismo de titulares efímeros, de instantaneidad de redes y de análisis político reducido a videos de treinta segundos, El Disturbio Eterno de Joe Sacco sostiene el tiempo lento de la investigación, la duda y la reflexión sin conclusión determinante.Es una obra fundamental porque se anima a formular la pregunta que nos incomoda responder: ¿puede el salvajismo convivir con la democracia? Sacco sugiere que la violencia no es un error sino, muchas veces, una característica del propio sistema, y la ascensión de figuras como Modi en este caso, potenciada por las consecuencias de disturbios previos, se extiende sobre el libro como una sombra. Al cerrar sus 144 páginas queda la sensación de que el «Disturbio Eterno» del título no es una alusión exclusiva a Uttar Pradesh ni a la India, sino una advertencia: las democracias son estructuras precarias, constantemente al borde de la destrucción total si se permite que el odio se racionalice. Lo mejor• La construcción coral de testimonios contradictorios que no buscan una síntesis cómoda• La ambición de leer un hecho local como espejo de una fragilidad democrática que nos incluye a todos.Lo peor• La densidad del material (mucho texto, muchas voces, poca acción dibujada por tramos) puede jugar en contra de la dinámica de la lectura