La historia ha vuelto a repetirse igual que el año pasado, casi punto por punto: el director de escena Barrie Kosky concibe y dirige un espectáculo encargado por —y a la mayor gloria de—Cecilia Bartoli, que se estrena primero en el Festival de Pentecostés de la ciudad natal de Mozart (que ella misma dirige) y se repone pocas semanas después en la gran edición de verano, actualmente con una directora artística provisional, Karin Bergmann, y a la espera de que se elija al sucesor de Markus Hinterhäuser, cesado hace pocos meses: conmovía verlo bajo la lluvia con un paraguas el miércoles por la noche, “solo, perduto, abbandonato”, por las calles del viejo Salzburgo. El espectáculo del año pasado fue un traje hecho a medida, un pasticcio elaborado con grandes dosis de ingenio a partir de numerosas obras de Vivaldi en torno a cuatro de los mitos que narra Ovidio en sus Metamorfosis y en el que Bartoli estaba secundada por Philippe Jaroussky (otro reclamo comercial infalible) y Lea Desandre. Como todo lo que hace el brillante director australiano, Hotel Metamorphosis era un dechado de virtudes escénicas y dramatúrgicas, y recibió merecidos premios.Seguir leyendo