Poco antes de que el Mediterráneo casi se secara por completo, en sus profundidades crecía algo que hasta ahora nadie había documentado en ningún otro punto del planeta: arrecifes de coral que se las arreglaban para sobrevivir con apenas un puñado de luz solar. Quedaron fosilizados en pleno corazón de Almería, esperando 6,5 millones de años a que alguien los encontrara