Pocos clásicos hay en el universo de la cosmética más conocidos a nivel mundial que la crema Nivea. Pero más aún, la que viene en la lata circular de color azul. Se trata de un producto que seguramente hemos utilizado todos alguna vez en la vida. Y que probablemente esté en todos o en casi todo los baños de todas las casas de España. Un producto que ha pasado de generación en generación por su gran poder hidratante. Tanto es así que incluso forma parte de la rutina de cuidados y aseo de muchas celebrities. Sin embargo, alrededor de esta crema también circulan una serie de mitos que la convierten en un producto ineficaz. Y no por su culpa evidentemente, sino por el desconocimiento de aquellos que la usan cuando no es el momento más adecuado. Esta crema de textura espesa es perfecta para hidratar nuestro cuerpo. Por ejemplo, por las mañanas, al salir de la ducha. O incluso antes de irnos a la cama. Sin embargo, hay un momento en el que la Nivea pierde todo su poder y no actúa como nosotros creemos: cuando tomamos el sol. Y es que, aunque mucha gente la utilice en la playa o en la piscina, no se trata de un protector solar. Por ello, aunque estemos hidratados, no estaremos protegidos del efecto nocivo de los rayos del sol. Así lo explica Roger Nebot, farmacéutico y formulador especializado en piel y cabello. Este experto, en declaraciones recogidas por 'Woman', indica que sigue habiendo que se confunde con este producto tan clásico y tradicional y que, cada año, se pueden ver decenas y decenas de latas de este tipo repartidas por todas las playas de España. Por ello, alerta de que es un error «pensar que cualquier crema corporal, por muy hidratante que sea, puede cumplir la función de un protector solar». Por ello, Roger Nebot recuerda que «hidratar la piel y protegerla de la radiación solar son dos funciones completamente distintas». De esta manera indica que a la crema Nivea le faltan una serie de propiedades que la convertirían en el protector perfecto. «La protección solar eficaz se basa en filtros específicos que actúan de dos formas. Por un lado, los filtros físicos o minerales, como el dióxido de titanio o el óxido de zinc, crean una barrera que refleja o dispersa parte de la radiación solar. Por otro, los filtros químicos u orgánicos absorben la energía de los rayos UV y la transforman en formas de energía menos dañinas para la piel. En ambos casos, el objetivo es el mismo, minimizar el impacto de la radiación ultravioleta sobre las estructuras cutáneas». De esta forma, no se puede calificar a la crema Nivea tradicional como otra cosa que no sea un magnífico hidratante, seguramente el mejor, «especialmente eficaz para reforzar la función barrera y evitar la pérdida de agua en la piel. Sin embargo, no contiene filtros solares, por tanto no protege del sol». «Esto significa que, aunque la piel pueda sentirse más confortable o nutrida, la radiación UVA y UVB sigue penetrando prácticamente sin impedimentos. La hidratación, por sí sola, no bloquea la radiación solar ni previene sus efectos. Una piel bien hidratada puede quemarse o sufrir fotoenvejecimiento exactamente igual si no está protegida con un fotoprotector adecuado». Esta situación es especialmente grave, ya que encima nos quemamos sin darnos cuenta porque nuestra piel está fresca e hidratada por esa capa de crema. Para tenerlo todavía más claro, Roger Nebot explica las diferencias entre la aportación de un fotoprotector y de una crema solo hidrantante. «La hidratación actúa sobre el nivel de agua de la piel, mientras que la fotoprotección actúa sobre la radiación ultravioleta. Por eso, durante los meses de verano, y también durante todo el año, la recomendación es clara: utilizar diariamente un protector solar de amplio espectro, con protección». Por lo tanto, delante del sol hay que recurrir a protectores homologados para no sufrir ningún problema de salud. «El daño solar está provocado principalmente por la radiación ultravioleta (UV), que actúa de forma acumulativa en la piel. Los rayos UVB son los responsables de las quemaduras solares, el enrojecimiento y del daño agudo que aparece tras una exposición intensa». «Además, pueden alterar directamente el ADN celular. Por su parte, los rayos UVA penetran en capas más profundas de la piel y están directamente implicados en el fotoenvejecimiento: aparición de arrugas, manchas, pérdida de elasticidad y degradación progresiva de colágeno y elastina. A largo plazo, la exposición continuada a ambos tipos de radiación incrementa el riesgo de cáncer de piel».