Dejar las pastillas del colesterol a los 75 años: un estudio reaviva el debate sobre su uso en mayores

Wait 5 sec.

Pocas personas a partir de la mediana edad se libran de la recomendación de tomar estatinas por parte de su médico. Estos fármacos se han consolidado como una de las herramientas preventivas más eficaces para reducir el colesterol y prevenir infartos de miocardio o ictus. Sin embargo, cuando se trata de adultos mayores de 75 años que las toman sin haber sufrido previa y explícitamente un evento cardiovascular, las dudas persisten en las consultas de atención primaria: ¿tiene sentido mantener un tratamiento farmacológico de por vida a edades tan avanzadas? Un nuevo ensayo clínico publicado en la revista ' The Lancet Healthy Longevity ' ha intentado arrojar luz sobre esta encrucijada evaluando qué ocurre al interrumpir el tratamiento en este grupo de edad. Las conclusiones del trabajo sugieren que suspender las estatinas en mayores de 75 años sin antecedentes de cardiopatía o ictus no resultó inferior a mantenerlas en términos de mortalidad general tras tres años de seguimiento. Sin embargo, la comunidad científica ha acogido los resultados con notable escepticismo , alertando sobre las debilidades estadísticas del análisis y el peligro de realizar interpretaciones precipitadas. El estudio se planteó con el objetivo de aliviar la polimedicación en ancianos, analizando si la retirada de un fármaco genérico de uso masivo acarreaba riesgos imprevistos. No obstante, los propios datos reflejan matices que invitan a la cautela. Por ejemplo, en el grupo de pacientes que continuó tomando estatinas se registró una menor incidencia de infartos de miocardio (un 1,4%) frente a aquellos que las abandonaron (un 2,1%), una brecha que, si bien no alcanzó significación estadística debido al reducido número de participantes, marca una tendencia clínica relevante. Las principales críticas de varios especialistas independientes no se dirigen a las intenciones de los autores, sino a la falta de potencia de la muestra. El reclutamiento final alcanzó apenas la mitad de los participantes previstos en el diseño original del ensayo, a lo que se sumó una tasa de mortalidad general mucho menor de la proyectada. Esta combinación reduce drásticamente la capacidad matemática del trabajo para llegar a conclusiones firmes. En declaraciones al Science Media Center (SMC) de Reino Unido, el catedrático de Cardiología de la Universidad de Sheffield, Robert Storey, subraya los sesgos inherentes al seguimiento realizado a poco más de un millar de personas . «Este estudio es demasiado pequeño y el periodo de seguimiento demasiado corto para hacerse una idea clara de los beneficios del tratamiento con estatinas», señala Storey. El investigador británico enfatiza que la reducción del colesterol suele impactar con mayor fuerza en la prevención de infartos específicos que en la mortalidad global por cualquier causa. A esta falta de capacidad para detectar diferencias reales se suma la ausencia de beneficios tangibles para el paciente tras suspender la medicación. De acuerdo con los datos presentados por los investigadores franceses, la retirada del tratamiento no supuso ninguna mejora en la calidad de vida de los participantes ni redujo síntomas atribuibles a efectos secundarios. En la práctica, abandonar la pastilla diaria no aportó ningún bienestar adicional medible. La interpretación de estos hallazgos en la práctica clínica diaria es un terreno delicado. Los expertos coinciden en que los resultados no deben servir como salvoconducto para retirar la medicación de manera indiscriminada en las consultas de geriatría o medicina de familia. El especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario Fundación Alcorcón y expresidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA), Carlos Guijarro, advierte sobre la fragilidad de las conclusiones alcanzadas. «La capacidad del estudio para detectar el objetivo principal está en el rango de echar una moneda al aire. Creo que la nota de prensa debe ser extremadamente cautelosa : el estudio no ha tenido potencia suficiente para valorar si, en ancianos, suspender las estatinas modifica la mortalidad», afirma Guijarro al SMC. El internista contrapone además la debilidad de este trabajo frente a la abundante literatura científica acumulada durante décadas a favor del control lipídico. «Este ensayo con 1.200 pacientes seguidos durante tres años contrasta con los beneficios consistentes del metaanálisis publicado también en 'The Lancet' con 186.000 pacientes, de los cuales unos 14.000 eran mayores de 75 años», recuerda el especialista español, señalando además el riesgo de que estos resultados incompletos sean instrumentalizados por movimientos contrarios al uso de fármacos cardiovasculares. En resumen, la decisión de mantener o retirar un tratamiento preventivo en edades avanzadas sigue perteneciendo a la esfera de la valoración individualizada entre médico y paciente , donde se deben sopesar las patologías concomitantes, la esperanza de vida y la tolerancia al fármaco, lejos de automatismos o modas sin respaldo sólido.