Cuando temíamos el fin del mundo

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Somos, en muchos sentidos, seres de luz. Nuestro organismo lleva escrita esa dependencia. La luz sincroniza nuestros ritmos circadianos, ordena el sueño y la vigilia y participa en la regulación de numerosos procesos fisiológicos. La radiación ultravioleta permite que nuestra piel sintetice vitamina D, una supermolécula que actúa también como hormona y desempeña funciones esenciales en el desarrollo y mantenimiento de nuestros huesos y de nuestro sistema inmune. Hemos evolucionado bajo una alternancia de luz y oscuridad tan antigua y regular que constituye una ley íntima del mundo. Día y noche. Luz y sombra. Vigilia y descanso. Sobre esa sucesión elemental hemos construido nuestra vida desde mucho antes de que existieran calendarios, relojes o palabras para medir el tiempo. Es... Ver Más