No es una donación tradicional. Es un mecanismo que paga después, no antes: primero hay que demostrar, con datos satelitales verificables, que la deforestación bajó. Recién entonces llega el dinero. Bajo esa lógica poco habitual en la cooperación internacional, un país escandinavo se convirtió en el principal sostén financiero de la lucha contra la deforestación en la selva más grande del planeta