Los humanos vivimos viendo apenas una pequeña fracción de los colores que existen. Para abejas, serpientes y otros animales, el mundo está lleno de señales que nuestros ojos nunca podrán percibir

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Ultravioleta, infrarrojo y otras longitudes de onda convierten flores, presas y paisajes en escenarios completamente distintos según quién los observe. La tecnología permite asomarnos a ese universo invisible y comprobar que nuestra visión es solo una versión limitada de la realidad.