Ni el viento huracanado ni las temperaturas bajo cero del techo del mundo lograron frenar el proyecto. Casi 16.000 espejos gigantes, cada uno siguiendo al sol con una precisión casi milimétrica, quedaron finalmente orientados hacia la misma torre de 210 metros, en la meseta más alta e inhóspita donde se construyó jamás una planta de este tipo