Derribar una aeronave enemiga no siempre mejora la posición del defensor. Si el blanco cuesta poco y llega por centenares, cada intercepción puede consumir un misil valioso, horas de vuelo y tiempo de mantenimiento que después faltarán ante una amenaza mayor. La cuenta incluye mucho más que el precio del disparo.Ucrania conoce esa presión desde que Rusia empezó a lanzar grandes oleadas de aparatos de ataque unidireccional y señuelos. Los cazas occidentales han logrado numerosos derribos, aunque tienen una vida limitada entre revisiones profundas. Cada salida acelera ese reloj. El atacante puede sustituir un dron con mayor facilidad que el defensor un reactor.La respuesta consiste en repartir los blancos entre medios diferentes. Las ametralladoras, los cañones antiaéreos, los misiles portátiles, los drones interceptores, los helicópteros y los aviones de hélice cubren amenazas que no justifican siempre el empleo de un F-16 o un Mirage 2000-5.El desgaste que no se veEl análisis de Justin Bronk para RUSI cifra en más de 2.500 los Geran y Gerbera destruidos por los F-16 ucranianos. Ese resultado tiene una contrapartida: el uso continuado contra esos objetivos ha consumido una cantidad insostenible de horas de vuelo y misiles aire-aire. Los interceptores baratos permiten proteger recursos que no se reponen al mismo ritmo.Un caza también necesita pista, combustible, personal técnico y piezas. Cuando acumula horas debe entrar en mantenimiento, aunque no haya sufrido daños en combate. La defensa contra enjambres busca precisamente distribuir la respuesta. Así, cada capa se ocupa del blanco que puede afrontar con un coste asumible.Los pilotos ucranianos han recurrido al cañón de 20 milímetros y a cohetes AGR-20 para reservar los misiles más capaces. Breaking Defense recoge además la advertencia de Bronk sobre el riesgo de acercarse a blancos pequeños y lentos a gran velocidad. Los fragmentos de una explosión pueden alcanzar al propio interceptor.Las horas consumidas tampoco vuelven al inventario mediante una compra urgente. Cuando una célula alcanza determinados límites debe pasar por revisiones que requieren instalaciones y especialistas. La disponibilidad cae mientras el avión permanece en mantenimiento, justo cuando las oleadas continúan y el resto de la flota tiene que asumir más salidas.Una defensa repartida por capasLos sistemas terrestres baratos forman la base de la cobertura ucraniana. Se despliegan con profundidad para aumentar la probabilidad de que un dron atraviese el alcance de alguno de ellos. Esa densidad reduce la presión sobre las baterías de misiles, mientras la interferencia electrónica ofrece otra vía para desviar municiones guiadas.La capa aérea sigue siendo necesaria. Los misiles de crucero, más rápidos y destructivos, exigen medios que un interceptor sencillo no puede sustituir. Al emplear aeronaves de hélice contra los aparatos más lentos, las fuerzas ucranianas pueden reservar sus cazas para blancos prioritarios. Un sistema antidrones pasivo amplía las opciones sin obligar a emitir señales que revelen la posición.Rusia produce más de 6.000 aparatos de ataque unidireccional al mes, según los datos citados por Bronk. Esa escala convierte cada salida en una decisión de inventario. El derribo inmediato puede salir caro semanas después, cuando aparezca un blanco que solo un caza o un misil avanzado sea capaz de alcanzar.