Soy tan raruno que a mí el eclipse me interesa lo mismo que la cría del calamar durante el periodo hitita. No, no me compré las gafas hasta el minuto de descuento y, sobre todo, por no ser más friki que los propios ídem que se gastaron una trillonada en localizar el enclave perfecto desde el que contemplar un fenómeno del que llevamos hablando y escribiendo bastante más tiempo del que dura el histórico acontecimiento. A mí, ya les digo que soy muy raro, me gusta más sentarme a una distancia prudente del mar y contemplar cómo se encrespa el Cantábrico. Su ruido. Las olas rompiendo contra las rocas. La espuma. Esa sensación de que nada puedes ante la fuerza... Ver Más