Crítica de 'Días de agosto' (**): Tener piscina y ponerse a pisar charcos

Wait 5 sec.

Con dos parejas y una casa con piscina lo habitual es que la historia rompa por las relaciones cruzadas y las tensiones sexuales, y el guion de David Sueiro toma esos caminos sin disimulo y el director, Chema de la Peña, pone la cámara al servicio de la creación de esas intrigas. Unos novios veinteañeros llegan a la casa de verano de los padres de él, que se han separado recientemente, y sin previo aviso también llega a la casa el padre con su nueva novia, una mujer atractiva mucho más joven que él… Aunque la trama se distrae con la espinosa relación entre padre e hijo y con la llegada de la ex mujer y la mezcla de recuerdos, rencillas, reproches y repartos, lo que produce estrés y tirantez en ella, la trama, es el arrebato sexual que aparece por ahí sin venir a cuento pero obvio desde bien lejos. La incomodidad de algunas escenas es la sensación más poderosa que producen estos 'Días de agosto', junto con la voluble consistencia de algunos de sus personajes, que caen presos de la vorágine pasional con la misma facilidad con la que salen de ella. Pero eso es, lo accesorio, lo que entretiene los otro, los sustanciosos dramas, también visibles y previstos, que se irán desgranando en el argumento. Hay un buen trabajo de casting, unos actores perfectamente elegidos para que haya cascabeleo en la pantalla, especialmente Maggie Civantos y Roberto Álamo, que conocen las teclas que sugieren segundas y terceras intenciones, pero también los jóvenes Pau Simon y Berta Galo. Pilar Castro e Isaac Dos Santos, con menos 'papel', envuelven bien a sus personajes.