Despedir por culpa de la IA sale caro y los números lo demuestran: la productividad cae entre los supervivientes y la inversión récord no cunde

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La amenaza que se cierne sobre el tejido laboral a causa de la inteligencia artificial y su implantación en las empresas lleva meses resonando. Existen épocas en que lo hace con más fuerza, como esos momentos del año en que las grandes corporaciones deben rendir cuentas ante sus inversores. En esas fechas urge que los números cuadren y, para justificar la inversión en herramientas de IA, el contrapeso suele recaer sobre los empleados tradicionales, de los que se prescinde tras alegar que su desempeño es sustituible.Uno de los últimos ejemplos lo tenemos en la multinacional tecnológica Oracle, que el pasado mes de junio anunció la salida de 21.000 empleados para financiar su deuda en inteligencia artificial. Los avisos de expertos y economistas ante la dinámica global que se puede desatar en cuanto a destrucción de empleo ahora tienen en el análisis elaborado por el profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Pittsburgh Mark Ma un nuevo respaldo.Instinto de supervivencia de los empleados ante la IA Oracle anunció hace escasas semanas la salida de 21.000 empleados a causa de la IAEn su estudio, publicado en The Conversation, Ma aborda la paradoja de cómo los despidos vinculados a la adopción de la inteligencia artificial terminan por mermar la productividad del personal que permanece en la empresa. No se trata de que las herramientas elegidas carezcan de utilidad o de que la plantilla no haya recibido formación para su uso. La explicación obedece a razones más sencillas y humanas: el deterioro del clima laboral tras presenciar la salida masiva de sus compañeros de escritorio.Los dirigentes de cualquier corporación persiguen un objetivo claro: maximizar los beneficios. El camino más directo para lograrlo es la eficiencia, una promesa que los laboratorios desarrolladores de inteligencia artificial han vendido con grandes anuncios para todos los sectores. Ante este escenario, pocos directivos se resisten a realizar inversiones elevadas que exigen, al menos desde la perspectiva empresarial, una contrapartida directa sobre la plantilla. Unos la sufren con el despido y, quienes permanecen, con una sensación de incertidumbre y presión que termina por perjudicar su rendimiento. "Despedir empleados en nombre de la inversión en IA es una estrategia contraproducente que anula cualquier aumento de productividad previsto"Mark Ma, profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Pittsburgh Anuncios de inversión a los que seguían notas de salidas masivas de empleados Las inversiones en IA son, en muchas ocasiones, el preludio al anuncio de recortes de personalPara respaldar su tesis, Ma y su equipo analizaron millones de reseñas de satisfacción laboral y la relación existente entre anuncio de inversión en herramientas de IA y despidos. Había una relación que, si bien no se puede considerar directa, sí era coincidente en el tiempo. Conforme se hacían anuncios de nuevas inyecciones en servicios agénticos y productos desarrollados por laboratorios de IA, al cabo de cierto tiempo se veían recortes de personal en los que la justificación era, precisamente, la integración de la IA en los procesos productivos.Al presenciar despidos justificadas por la IA, los empleados perciben la tecnología como una amenaza directa para su puesto de trabajo en lugar de como una ayuda, lo que genera un ambiente de inseguridad laboral y desconfianza. Esto supone que, en lugar de colaborar activamente con los algoritmos o explorar su potencial para ser más eficientes, los trabajadores adoptan dinámicas defensivas, reducen su compromiso y dedican tiempo y energía a proteger sus posiciones.La Bolsa tampoco respalda el entusiasmo empresarial por la IAEl otro punto que sustenta ese tipo de medidas que afectan al volumen de empleados tiene que ver con el aspecto económico. Las empresas esperan una respuesta favorable de los mercados ante inversiones potentes en la nueva tecnología de moda. En cambio, y tal como destaca el propio Ma, la respuesta de los mercados no siempre obedece a la línea teórica establecida por los directivos: "En general, la reacción del mercado fue negativa o prácticamente nula en más de la mitad de estos casos", apunta en su análisis.Este aspecto demuestra que la adopción exitosa de herramientas impulsadas por inteligencia artificial y su integración en los procesos empresariales y corporativos no responde únicamente a la capacidad técnica de los modelos, sino que también depende de la gestión humana del cambio. Cuando los trabajadores que mantienen su posición ven en la IA un potencial enemigo y un elemento capaz de arrastrar en su avance su propio puesto, su ánimo y compromiso se resienten. Como consecuencia la productividad, lejos de aumentar, decrece y los parques bursátiles no son capaces de equilibrar esa sensación ni ese déficit.