Roselyn “Babs” y Evelyn “Attie” Atkins hicieron realidad el sueño de poseer una isla frente a Cornualles y pasaron buena parte de sus vidas cuidándola. Cuando llegó una oferta millonaria para explotarla comercialmente, dijeron que no. Hoy sus nueve hectáreas son una reserva donde la prioridad la tienen las focas, las aves y el mar.