En 1965, dos hermanas compraron una isla entera por 22.000 libras y se fueron a vivir allí. Décadas después rechazaron millones para convertirla en un parque temático y tomaron una última decisión: que nadie pudiera destruirla jamás

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Roselyn “Babs” y Evelyn “Attie” Atkins hicieron realidad el sueño de poseer una isla frente a Cornualles y pasaron buena parte de sus vidas cuidándola. Cuando llegó una oferta millonaria para explotarla comercialmente, dijeron que no. Hoy sus nueve hectáreas son una reserva donde la prioridad la tienen las focas, las aves y el mar.