Lagos volcánicos como Laguna Caliente, en Costa Rica, pueden alcanzar temperaturas cercanas a la ebullición y valores de pH próximos a cero. Aun así, algunos microorganismos consiguen sobrevivir. Membranas casi impermeables, sistemas para expulsar protones y metabolismos capaces de aprovechar azufre, hierro o arsénico explican parte de esta resistencia extrema.