Edición original:Showcase ’96 8, Supergirl 1-18, Annual 1-2 y Supergirl Plus The Power of Shazam! 1 USAEdición nacional/España: PaniniGuion:Peter DavidDibujo:Gary Frank, Leonard KirkEntintado:Cam SmithColor: Gene D’AngeloTraducción:Bárbara AzagraFormato: 568 páginas. A color. Rústica con solapas.Precio:49.95 €Sensación de vivir«¿Quién es Linda Danvers?»Peter Allan David (PAD), nacido en Maryland en 1956 y tristemente fallecido en Nueva York en 2025 después de una larga y costosa (debido al sistema de salud USA) lucha contra diversos problemas de salud, fue un creador muy querido por los aficionados. Esto se debe, aparte de por su obvio talento, al haber disfrutado de una época muy concreta y un público muy característico.Respecto al contexto en el que le tocó guionizar, me refiero a los estertores de aquellas largas etapas confiadas a sólidos guionistas. David ha sido de los últimos autores en disfrutar de una libertad que ahora se ve como un sueño salvo contadísimas ocasiones, especialmente en las dos grandes. Y por tanto una manera de escribir y entender la grapa muy característica.En cuanto al fandom, el guionista supo ganarse a un público modélico de cómic, en su mayoría jóvenes varones. Con esto no resto al esfuerzo de David, no sólo en su trayectoria como autor sino como crítico, de apoyo a otro tipo de públicos y minorías, pero sus textos se convirtieron en engrasadas máquinas que sabían tocar exactamente qué cuerdas del friki entregado.Cabe añadir que este creador de historias tuvo la “suerte” de contar con varios lienzos en blanco. El entrecomillado se refiere a que la oportunidad es una cosa, y aprovecharla como él muy bien hizo, es otra. Desde aquella primera ocasión con un por entonces denostado Hulk, a su gran larga etapa inicial con DC en Aquaman y la que ahora nos ocupa, Supergirl.Como en los casos anteriores, Supergirl no era ni mucho menos una novata y tenía un largo recorrido editorial. Pero igualmente como Hulk en dicho momento o Aquaman posteriormente, era un personaje que andaba algo perdido y sin rumbo. En el caso de la Dama de Acero, la situación era especialmente sangrante.Cierto que fue creada como versión femenina del héroe exitoso por Otto Binder (que por cierto ya era el padre de otra criatura similar, Mary Marvel) y Al Plastino en Action Comics #252 (1959), pero las sutiles diferencias de su origen (no es un bebé cuando llega a la tierra, lo que conlleva un bagaje y una adaptación) pronto le generaron una afición entregada y un protagonismo propio.Durante 3 años fue la protagonista principal de Adventure Comics. Mientras pasaba de la Edad de Plata (nació directamente en Tierra 1) a la de Bronce, Kara Zor-El fue adoptada por los Danvers como Linda y cursó sus estudios universitarios hasta graduarse y trabajar en la cadena KSF-TV de San Francisco. Entre medias tuvo novio (Dick Malverne, acordaros del nombre) y mascotas fantásticas que se fueron suavizando con los tiempos.En el 72 tuvo su primera serie propia, pero fue poco antes de la famosa DC Implosion y cayó con sólo diez números. Aun así, siguió luciendo de nuevo como heroína principal en la cabecera Superman Family y tuvo una segunda oportunidad con la serie que también nos ha regalado Panini y pronto os comentaremos en detalle: The Daring New Adventures of Supergirl. Y hasta se le creó su correspondiente contrapartida en Tierra 2 por retrocontinuidad, la llamada Power Girl.Pese a todo ese relativo éxito, cuando la compañía decidió que era el momento de renovarse, cuando Wolfman y Pérez alteraron todo el universo ficticio, cuando se decidió relanzar Superman… Supergirl debía morir. Entre que las Crisis debían mostrar verdadero impacto y que John Byrne necesitaba contar con un verdadero último hijo de Krypton, la decisión parecía obvia. Tan clara como cruel.Porque esto no era la enésima “muerte” de un personaje en un universo superheroico, tan efímera como mentirosa. Esta muerte suponía su borrado de la existencia, era tan real para los fans como para la narrativa ficticia. Fijaros que ni siquiera se la podía recordar como a Flash, que también tuvo su épica muerte en las Crisis, como se evitó hacer su correspondiente ficha en los famosos Who’s who in the DC Universe. Cero, zip, zaparonio.Pero Byrne, al cual le encanta morder la mano que le da de comer, no tuvo mejor idea que recrearla de nuevo. En Superman #16 (1988) aparece la Supergirl de un universo de bolsillo (cuanto daño han hecho estos cosmos baratos en DC), que no tiene nada que ver con la original salvo el nombre y las pintas. Suerte tuvo de que el gran Stern se encandiló con ella y le dio algo más de vida.Pero por mucho que lo intentara, el personaje tenía poco donde agarrarse, era realmente el lienzo en blanco del que hablábamos al que David debía insuflar vida. Fue según parece Mike Carlin, el famoso (y algo dictatorial) editor del superequipo, el que decidió lanzar una serie del personaje para ello y el que contrató al dúo que ya había mostrado sus cartas y entendimiento juntos en el Gigante Esmeralda, David y Gary Frank.Aunque, por cierto, en cuestión de editores no daba mucho por la serie. En principio sí se le asignó un profesional como Chris Duffy, pero ya a la docena de números se pasaría a un tal Frank Pittarese, que sólo duraría dos meses, y después seguirían los desconocidos Mike McAvennie y Maureen McTigue.Ediciones cambiantes aparte, la pareja artística de David sí que era una apuesta segura. El dibujante de Bristol (1969) se había desfogado con alguna cabecera inglesa, pero se había estrenado y diplomado con honores en El Increíble Hulk, donde crítica y público lo auparon definitivamente. Como David, también era perfecto para cierto tipo de público que aprecia las líneas claras y luminosas y las proporciones heroicas más clásicas del género.Guionista y dibujante se encuentran un personaje que había sido vapuleado y carecía de verdadera personalidad. Llamada por entonces Mae, de Matrix (por provenir de un experimento de protoplasma matriz), Supergirl había sido poseída o engañada por varios enemigos, especialmente por Luthor en forma de clon jovenzuelo e hirsuto. Para colmo, salvo los Kents y un Superman más individualista que nunca, no tenía a nadie con quien hablar.David es plenamente consciente de todo ello, especialmente la falta de lo que el guionista interpreta como “alma”. Sobre esta carencia hará una tímida primera incursión en el Showcase ’96 #8 con el que empieza el tomo, muy bien dibujado por el voluptuoso Terry Dodson. Se nos presenta una Supergirl absolutamente entregada a su “trabajo” de superheroína, sin vida, sin medida y desesperada por encontrar su sitio, un sitio al menos.Y ahí tenemos una de las genialidades del escritor estadounidense, sacar de la nada todo un entorno y un elenco, con la excusa más loca y a la vez más propia de cómics y, rizando el rizo, trayendo de vuelta algo de la primigenia Supergirl. En el primer número de Supergirl, de septiembre de 1996, aun empezando in medias res (las explicaciones vendrán después), nuestra heroína se ha fusionado con la adolescente Linda Danvers, del pequeño pueblo de Leesburg, Virginia, para salvarla. Con ese truco de magia metatextual tenemos personalidad secreta, vuelta a los orígenes y nuevo escenario… ¡tachaaaan!Frank también aprovecha, ya que, aunque el superequipo había dibujado una Supergirl más adulta, en el fondo se trataba de una multiforme, la cual podía tener el aspecto que quisiera. Así que, con la excusa de la fusión con Linda, su Supergirl se verá algo más veinteañera. Y ya en la portada del primer número se desata, retratándonos una chica algo grunge de los 90, con su camisa a cuadros y monopatín en mano.David pues acompaña a la protagonista de un nutrido grupo de extras entre los que destacan los padres de Linda, por lo mucho que interactúan y sufren con el personaje. Fred, oficial de policía en una pequeña comisaría en la que sus compañeros irán cayendo como moscas, y Sylvia Danvers, una fervorosa creyente que trabajará para el reverendo Varvel (basado en un verdadero Larry Varvel de la Iglesia Metodista).Y por supuesto nuevos amigos como Cutter Sharp, Mattie Harcourt o Richard Malverne (guiño). Además de los detalles extravagantes de David reflejados en Wally, un extraño chico bueno modelo, que vive con su abuelo y aparenta ser dios en persona (muy útil para algunos Deus ex Machina que nos colará el escritor). Andy Jones hace una primera entrada, pero no veremos desarrollarse plenamente la complicada historia de este personaje en el tomo.Eso no impide que los que ya acompañaban a la heroína antes, como los Kent y su hijo adoptado, también ronden de vez en cuando por la colección. Especialmente la pareja de ancianos, porque el desentendimiento con Superman es claro y también motivo de alivio para la franquicia de Carlin. Hablando de héroes invitados, en el 15 aparecerá PowerGirl, como nuevo guiño a la historia editorial de Supergirl (descaradamente reflejado en la portada), pero lo gordo en ese sentido lo veremos en próximos volúmenes.También desde el primer número aparece un antagonista tan recurrente como insoportable, el taimado Buzz. A Luthor ni se le ve ni falta que hace, que para dominarla ya está el mentado Buzz o incluso Gorila Grodd. No es el único enemigo clásico, en poco veremos también a Chemo, del que sí se saca una interesante lectura, Rampage, Silver Banshee o incluso los Extremistas y Despero (en su fase L-Ron). Aunque tendrá tiempo de inventar algún villano más como el intrascendente Tempus o la misteriosa Twilight.Frank, acompañado de su inevitable y preciso escudero en las tintas Cam Smith, disfrutará de diseñar y perfilar a todo este elenco, aunque eso supone también mostrar una de sus carencias. Los rostros de los personajes no se diferencian mucho unos de otros salvo por el género, no así por etnias y mucho menos por edad. Físicamente, todos parecen visitar el gimnasio con excesiva frecuencia, sin importar su origen y condición.Eso no resta nada de su espectacularidad y dinamismo, que subirán muchos enteros al tebeo, e incluso se lanza a co-argumentar en el número 7. Sin embargo, abandonará la serie en el 9, salvo por las portadas en las que aguantará todo el tomo y algo más allá. Leonard Kirk entra en el 10 con Chuck Drost (ya luego Smith), aunque en el 11 es substituido por Greg Land con Prentis Rollins.Leonard Jones Kirk III (1966) es un dibujante de origen estadounidense afincado en Canadá que aún era desconocido por entonces. Su trabajo es más que correcto pero no especialmente destacable, con lo que para los seguidores de Frank puede suponer un pequeño bajón. Sin embargo, su narrativa es mucho más fluida y pronto hará a los personajes y a la serie suyos, quedándose con David (que lo cuenta como uno de sus 3 dibujantes favoritos) hasta el final de la etapa. El color es siempre de Gene D’Angelo, acompañado en ocasiones del noventero equipo de Digital Chameleon.El que es constante es David, obviamente, pero incluso él tendrá algunas ausencias en el tomo. Empezando por la única de todo el volumen 4, el número 13 guionizado por Darren Vincenzo. Pero también los 2 anuales, que son sendas temáticas especiales de DC. El primero, de 1996, corresponde a «Legends of the Dead Earth» (una especie de otros mundos postapocalíptico), con historias de Chuck Dixon y Ron Wagner, el matrimonio Kesel y Dick Giordano (entintado por George Pérez) y Joe R. Lansdale y Neal Barrett Jr. junto con Robert Teranishi. El segundo “Pulp Heroes” de 1997, homenajea los cómics de Young Romance con una historia de Tom Peyer y Anthony Castrillo y otra de Chuck Dixon y Greg Land, ambas haciendo guiño a la relación entre la Supergirl y Brainiac 5 de la Legión de Superhéroes original.El tomo también incluye el especial con Mary Marvel, éste sí guionizado por David y dibujado por Mike Manley y Bret Blevins, con John Nyberg a las tintas. Una interesante denuncia al abuso policial, y especialmente al abuso a las mujeres. Y una pequeña historia más slice of life, dibujada por Jennifer Graves.El team-up sí que tiene todas las características del mejor David. Buen conocimiento del universo superheroico, maravillosa caracterización de protagonistas y secundarios, con trasfondos propios unos y otros que se entrecruzan y enriquecen, y capacidad para traer a la palestra temas que afectan a nuestra sociedad, aunque sea bajo el prisma de un cómic de ámbito juvenil.Este último quizá sea a la vez el mayor hándicap a la hora de leer el tomo. David es tan bueno hablándole a su público objetivo que, para los que ya tenemos una edad, los planteamientos a veces suenan demasiado pueriles. Un ejemplo de ello es el insufrible número 8, donde el guionista mete unos cuantos conceptos aparentemente ingeniosos y agudos pero que se quedan en vergonzosamente pretenciosos.En el mismo número aparece otro de los tics del escritor con la inevitable referencia a su personaje favorito; “acéptalo tigresa, te ha tocado la lotería”. De hecho, las bromitas de David son un clásico, tan bienvenido como a veces demasiado cansino, aunque admito que algunas si me hacen reír a carcajadas como el ladrón de arte que grita «Show me the Monet!»Sin embargo, cuando se pone serio no sabemos para dónde quiere ir. Me refiero a esa subtrama general pseudo-religiosa que terminará siendo muy importante según avancemos en posteriores tomos. En los últimos números de éste comienza la ida de olla espiritual del señor Peter, avisados estáis.Se ha comentado mucho también el tono oscuro de estos primeros números, mezclando demonios y sectas satanistas en el cóctel de la vida de Linda Danvers antes de fusionarse con Matrix. Sin embargo, tal como hemos mencionado, todo queda muy diluido y hasta naif entre el soap opera universitario que desprende la serie en general.En todo caso, tenemos un ejemplo perfecto de la habilidad y fuerza de David en los 90. Saber mantener una serie mes tras mes con interés y giros, sin traicionar e incluso potenciar la esencia del personaje, secundarios muy bien trabajados e importantes para la trama, e incluyendo los puntos justos de contexto político-social para unos fans entre la adolescencia y los primeros tiempos de vida adulta.Todo en una edición tocha pero manejable, de tapa blanda (que hacen menos sitio en nuestras abarrotadas bibliotecas), con todas las portadas en su sitio y además se complementa con una informativa introducción de Bamf! Dadle una oportunidad.Lo mejor• La capacidad de David para mantener la trama• La vuelta a la palestra del personajeLo peor• Ha perdido con el tiempo• Frank se va demasiado pronto