Aunque la relación de pareja que mantuvieron durante años había llegado a su fin, ambos llevaban un tiempo compartiendo piso. Él la asesinó ahí, en el hogar común. Acabó con su vida, se dio a la fuga y permaneció diez días desaparecido. El crimen machista sucedió a finales de julio, pero fue confirmado el pasado viernes, después de que el agresor fuera localizado por las autoridades y se reconociera como tal en un diario personal. Es el último feminicidio incorporado a la estadística oficial, en el marco de un verano atravesado por una escalada de crímenes que muestra la peor cara de la violencia machista. Con el asesinato confirmado en Benahavís (Málaga), son ya 36 mujeres las víctimas mortales de la violencia machista hasta este lunes. Se trata de la peor cifra registrada a estas alturas del año en mucho tiempo, concretamente desde 2019.En lo que va de mes, dos mujeres han sido asesinadas a manos de hombres que eran sus exparejas. Ambas habían denunciado a sus agresores por violencia de género. Las víctimas dieron la voz de alarma, acataron los mandatos que recaen sobre quienes sufren violencia y siguieron los pasos de un itinerario pensado, al menos sobre el papel, para protegerlas. Pero el sistema no estuvo a la altura. No son casos excepcionales: según la base de datos oficial, en doce de los feminicidios registrados existían denuncias previas y en nueve de ellos se adoptaron medidas de protección. Una de cada tres víctimas alertó de la violencia y pidió ayuda.A principios de agosto, una mujer fue asesinada en Murcia. Su expareja le quitó la vida en la trastienda de uno de los muchos negocios que pueblan el centro comercial Carrefour Infante. Tenían una hija de cinco años en común y sobre él pesaba una orden de alejamiento. El día del crimen, un miércoles cualquiera a plena tarde, las autoridades se llevaron consigo el cadáver de la víctima ante la mirada perpleja de quienes todavía se paseaban por los pasillos del edificio.También ocurrió en el espacio público el crimen machista que el pasado mes de mayo marcó a los vecinos de Figueres (Girona). El agresor asesinó a su expareja a plena luz del día en una de las plazas de la localidad, a pesar de contar con una orden de alejamiento y aunque la víctima había advertido de la violencia que lastraba sus días. Los feminicidios fuera del hogar no son los más habituales, pero existen. El año pasado, según el balance anual confeccionado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), un 4,3% de los crímenes mortales tuvieron como escenario central la calle y un 6,5%, otro distinto al domicilio, tasas que se han mantenido prácticamente inmutables en el último lustro. Los expertos afirman que los asesinatos fuera del ámbito privado encajan en la categoría de "crimen moral". En lo que va de año, otros agresores machistas han acabado con las vidas de sus víctimas en espacios públicos: en un portal, en el centro de trabajo de ella o a tiros en la calle. Incluso en un cuartel de la Guardia Civil.El mismo día del crimen que tuvo lugar en el centro comercial murciano, a más de 800 kilómetros de distancia, un hombre se desplazaba al cuartel de la Guardia Civil donde trabajaba su expareja, con la firme intención de acabar con su vida. La víctima tenía tres hijos –dos gemelas menores de edad– y sabía con certeza que su maltratador no iba a parar hasta quitarle la vida. Así lo verbalizó en numerosas ocasiones.Al agresor, quien también había sido guardia civil, le habían retirado su arma reglamentaria y esa misma semana había recibido una notificación formal para apartarle del servicio. Pero llevaba mucho tiempo hostigando, maltratando y violentando a la víctima, hasta que decidió quebrantar la orden de alejamiento, desplazarse a su cuartel, forzar la taquilla de un compañero y sustraer el arma que allí estaba custodiada. Acabó con la vida de su expareja al instante. A principios de junio, un hombre asesinaba a tiros a su mujer y después se suicidaba. Y tan solo un mes antes, otro crimen brutal atravesó a la Guardia Civil: el hallazgo de los cuerpos sin vida de tres personas de una misma familia en una de las viviendas del cuartel en el municipio alicantino de Dolores. El asesino mató a su mujer y a su hijo de un disparo. Después se quitó la vida. En lo que va de año, al menos cuatro feminicidios se han perpetrado haciendo uso de armas de fuego. El año pasado tan solo se registró uno, pero el anterior el porcentaje de crímenes machistas cometidos con pistolas o escopetas ascendió al 20,5%, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Las armas de fuego están presentes en aproximadamente el 12% de los crímenes machistas documentados desde que existen registros.Este asunto, la posesión de armas de fuego, ya fue objeto de análisis por parte del anterior Ministerio de Igualdad a finales de 2023. Fue a raíz de estudiar las particularidades de distintos feminicidios consecutivos en los que el agresor había terminado con la vida de la víctima con un arma de fuego, el instrumento más letal en los contextos de violencia de género y cuya sola tenencia provoca un terror prolongado sobre la víctima.Entonces, el comité de crisis convocado determinó que convendría controlar y revisar los permisos de armas desde una perspectiva de género. Las conclusiones fueron sólidas: era urgente no solo endurecer las condiciones en la obtención y renovación de los permisos, sino también aplicar un enfoque de género riguroso. Igualdad no ha aclarado, a preguntas de este diario, si desde entonces se han consolidado avances en ese sentido.En el primer trimestre del presente año, la suspensión de la tenencia y uso de armas supuso el 17,9% de las medidas penales acordadas en los juzgados, en contextos de violencia de género, según el Observatorio de Violencia del CGPJ. En todo el año anterior, el porcentaje fue del 14,8%.