La ola conservadora que en los últimos años ha endurecido las leyes contra la población LGTBIQ+ en países como Uganda, Senegal o Burkina Faso, y que amenaza con hacerlo también en Ghana, se ha convertido en un obstáculo más en la lucha contra el VIH. Uganda es el ejemplo más grave, con la ley aprobada hace tres años que prevé penas de cadena perpetua e incluso de muerte en casos considerados como “homosexualidad agravada”, que incluyen relaciones con menores, personas con discapacidad u otros supuestos, como que una de las personas es seropositiva.Seguir leyendo