Un caza convertido en un laboratorio aéreo ha demostrado que una inteligencia artificial puede localizar otro avión, seguirlo y colocarse en posición de interceptarlo utilizando datos recogidos durante el propio vuelo. La prueba se realizó con el X-62A Vista, un F-16D profundamente modificado que la Fuerza Aérea de Estados Unidos emplea para experimentar con sistemas autónomos.Lo importante no es solo que la IA controlara el avión, algo que ya se había probado anteriormente. Esta vez recibió información directamente de un sensor infrarrojo instalado bajo el fuselaje, interpretó lo que estaba viendo y decidió cómo maniobrar para acercarse al objetivo. El proceso se completó dentro del propio aparato, sin depender de datos preparados de antemano.La IA completó 27 interceptaciones contra un T-38 Un avión experimental X-62A de la Fuerza Aérea de EE. UU. durante los ensayos del programa Have Heat en la Base Edwards, CaliforniaLas pruebas formaron parte del programa Have Heat y se desarrollaron en la base aérea de Edwards, en California. A lo largo de ocho vuelos, el X-62A realizó 27 interceptaciones controladas por inteligencia artificial contra un T-38, un avión de entrenamiento utilizado como objetivo real. No hubo lanzamiento de misiles ni un combate completo: el reto consistía en detectar el aparato y situarse en una posición adecuada para interceptarlo.Para encontrarlo, el X-62A utilizó el Legion Pod de Lockheed Martin. Este dispositivo busca el calor emitido por los motores y otras partes del avión, en lugar de enviar ondas como hace un radar. Al funcionar de forma pasiva, el objetivo no recibe una señal que le advierta de que está siendo seguido.Los sensores infrarrojos también tienen otra ventaja: no dependen de frecuencias de radio que puedan ser bloqueadas mediante interferencias. Además, pueden ayudar a encontrar aeronaves diseñadas para resultar menos visibles ante el radar, aunque su alcance y eficacia dependen del clima, la distancia y el ángulo desde el que observan.Durante los ensayos, el Legion Pod enviaba los datos a la IA, que los procesaba en tiempo real y actuaba sobre los controles del caza. Lockheed Martin asegura que la integración y las pruebas en tierra se completaron en apenas tres meses. Aunque el sistema pilotaba las maniobras, el X-62A llevaba personal en sus dos asientos para supervisar la operación y mantener la seguridad.El objetivo son futuros drones que acompañen a los cazasEl avance responde a uno de los grandes problemas de los aviones autónomos: entender por sí mismos lo que sucede a su alrededor. En una prueba anterior, realizada a mediados de 2024, el X-62A llegó a enfrentarse en un combate simulado contra un F-16 pilotado, pero ambos aparatos compartían información directamente. Ahora la IA ha trabajado con las imágenes obtenidas por su propio sensor.La Fuerza Aérea quiere utilizar esta tecnología en futuros drones de combate que vuelen junto a cazas tripulados. Estos aparatos podrían adelantarse para buscar amenazas, compartir su posición y realizar determinadas maniobras, dejando que el piloto humano se concentre en las decisiones más importantes.Los responsables del programa siguen contemplando que una persona supervise el sistema, especialmente cuando se trate de autorizar un ataque. Have Heat no demuestra que un avión pueda combatir completamente solo ni tomar decisiones sobre el uso de armas. Lo que confirma es que ya puede cerrar una parte importante del proceso, o sea, detectar un objetivo real y mover el aparato hasta interceptarlo sin que un piloto dirija cada giro.El X-62A recibirá además nuevos ordenadores, sistemas de comunicación y un radar PhantomStrike. Estas mejoras permitirán combinar distintas fuentes de información y probar inteligencias artificiales más complejas. El paso dado ahora parece pequeño a simple vista, pero acerca a la Fuerza Aérea a un escenario en el que un caza tripulado por un humano podría estar acompañado por varios aviones autónomos capaces de observar, seguir y reaccionar por su cuenta.