La utilidad real del modo privado aparece cuando varias personas comparten un ordenador o un móvil. Al abrir esa ventana, Chrome separa la sesión corriente de la privada y deja de incorporar al historial local las páginas consultadas. La siguiente persona que use el equipo no encontrará esa lista en el navegador, siempre que la sesión se cierre como corresponde. Es una ventaja concreta en bibliotecas, hoteles, oficinas y viviendas compartidas.La confusión llega al mirar fuera del aparato. Una web sigue recibiendo los datos necesarios para responder a la visita, mientras el proveedor de Internet o una empresa que gestione la conexión conserva su propia visibilidad. El navegador controla el rastro local, pero carece de poder para borrar registros generados en servidores ajenos o en los sistemas que transportan el tráfico. Ese reparto explica por qué privacidad local y anonimato son objetivos diferentes.Cada ventana privada forma parte de la misma sesión de incógnito. Al cerrar una pestaña mientras otra permanece abierta, las cookies temporales todavía pueden seguir disponibles entre ambas. El borrado llega al cerrar todas las ventanas de ese tipo, una condición fácil de pasar por alto cuando quedan pestañas ocultas en otro escritorio o en una segunda ventana.Rastro localEn el equipo, Chrome descarta las cookies y los datos de los sitios generados durante la sesión cuando esta termina. La ayuda oficial de Google concreta ese límite: tampoco conserva un registro de las páginas visitadas. La información introducida en formularios tampoco se incorpora al perfil ordinario mientras dura la ventana. Las opciones para gestionar las cookies permiten, además, autorizar de forma temporal cookies de terceros, bloqueadas por defecto en incógnito.Algunos elementos sobreviven al cierre. Los archivos descargados continúan en la carpeta elegida y cualquier marcador creado pasa a la colección normal del navegador, igual que los elementos añadidos a la lista de lectura. Tampoco desaparece una sesión iniciada dentro de una web hasta que se cierra la ventana privada; mientras siga abierta, ese servicio sabe qué cuenta lo está utilizando.El modo privado tampoco funciona como antivirus. Una extensión maliciosa autorizada para ejecutarse en incógnito, una descarga peligrosa o una página de suplantación requieren defensas distintas. Las extensiones suelen quedar desactivadas en estas ventanas salvo permiso expreso, pero esa restricción no sustituye la seguridad del sistema ni el criterio al abrir archivos.Quién puede observarteFuera del dispositivo intervienen terceros. El centro educativo, la empresa o el proveedor que administra la conexión puede observar actividad, y cada sitio mantiene sus propios registros. El grado de detalle varía: HTTPS cifra el contenido entre navegador y web, aunque no borra los metadatos de la conexión. Si una página acaba mostrando información privada en resultados públicos, el proceso para borrar datos personales del buscador es independiente del modo usado al visitarla.Al iniciar sesión en una cuenta, el sitio sabe quién está al otro lado. Incluso sin identificarse, puede recopilar actividad mediante la dirección IP, cookies permitidas y otros datos técnicos. La sesión privada no revoca consentimientos previos ni cambia por sí sola las opciones sobre el uso de sus datos configuradas en una cuenta.En un ordenador ajeno, sigue siendo prudente cerrar todas las ventanas y borrar los archivos descargados antes de marcharse. También conviene salir de las cuentas abiertas dentro de esas pestañas. Para reducir lo que ve una red hacen falta herramientas y políticas distintas, con sus propios límites. Incógnito resuelve una tarea más modesta: evitar que la siguiente persona encuentre el historial local de esa sesión.