La caída del 'imperio nazi' no fue para nada amistosa, eso no es un secreto. De hecho, ni siquiera lo fue desde dentro de las filas del ejército alemán, que antes de entregar las armas y para impedir que los vencedores disfrutasen de su tecnología o sus medios y sistemas militares, se dedicó a hundir barcos deliberadamente, quemar vehículos y destruir infraestructuras que quedaron inutilizables y convertidas en un mal recuerdo de la historia bélica del Viejo Continente.Y esto sin duda es un problema, porque el mismísimo río Danubio, uno de los más importantes de la Europa centro-oriental, se convirtió sin quererlo en un gran cementerio de barcos naufragados a propósito en las postrimerías del año 1944, la mayoría de ellos cerca de la ciudad serbia de Prahovo.Un enorme dilema medioambiental heredado, que data de hace más de 80 años y que ahora vuelve a la actualidad porque tal y como mencionaban los compañeros de Interesting Engineering, siguiendo la pista del medio Euronews, la falta de precipitaciones y la dramática bajada del caudal del Danubio ha hecho emerger nada más y nada menos que unos 200 barcos militares de origen alemán y que fueron hundidos durante la retirada.Lo que ya es una colección de óxido, contaminación y falta de consideración con el medio ambiente, sirve ahora como recordatorio visual de las muchas atrocidades cometidas en tiempos de guerra, en este caso por las flotillas del Danubio y del Mar Negro de la Kriegsmarine alemana, que intentaba así detener el avance del Ejército Rojo bloqueando la entrada al canal de navegación del río Danubio. ❮ ❯ Pues sí, el cambio climático tiene consecuencias imprevisibles, algunas para nuestra vergüenza como sociedadSegún estimaciones del Banco de Europeo de Inversiones (BEI) entre estos 200 buques naufragados no sólo hay barcos de guerra, sino también barcazas, remolcadores, cargueros e incluso bastante munición sin explotar, dificultando la millonaria tarea de retirarlos del lecho del Danubio.Y no sólo esto, sino que además estos naufragios están causando precisamente los problemas que buscaban provocar en 1944 cuando se hundieron los barcos, dificultando la navegación por este tramo del río en Serbia, que pierde anualmente unos 5 millones de euros por los retrasos y los rodeos que deben hacerse en las rutas comerciales.Ya existe en marcha algún proyecto de recuperación que implica enterrar para siempre los restos más peligrosos, retirando lo que se puede retirar, aunque la cosa es complicada y los trabajos extremadamente lentos debido a su peligrosidad. Consecuencias sin duda de una de las sequías más severas en Europa en los últimos años, con persistentes olas de calor y precipitaciones por debajo de todos los registros históricos que han complicado no sólo el transporte de personas y mercancías, sino también el turismo, la generación eléctrica y más.Ya veremos si el cambio climático y las condiciones extremas que irán viniendo hacen reaparecer más pecios, más asentamientos y hasta más fósiles prehistóricos para que podamos seguir estudiándolos, recordando de paso a la humanidad que deberemos adaptarnos e intentar limitar dichas consecuencias.