Las órdenes religiosas de Sevilla se reinventan para sobrevivir y conservar sus conventos

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La hospedería que abrirá en cuestión de semanas en el monasterio de Santa Paula es el enésimo caso de reinvención en los conventos de clausura sevillanos para poder hacer frente a todos los gastos que tienen las monjas sin tener que bajar la persiana. La necesidad de mantenimiento de los grandes recintos históricos en los que se asientan las religiosas y sus elevados costes se une a la falta de vocaciones que hace que las comunidades cada vez sean más pequeñas, causando estragos y haciéndoles pasar auténticas penurias. Sólo hay que recordar casos como el de las concepcionistas del convento del Socorro , que echaron el cierre en 2018 y se marcharon a la sede de la orden en Mairena del Aljarafe. Para no llegar a estos extremos, las monjas de otros cenobios que también guardan siglos de historia entre sus paredes se han roto la cabeza ideando iniciativas que puedan permitirles sanear su economía más allá de la tradicional venta de dulces caseros o los pequeños trabajos manuales. La situación actual es el resultado de un largo proceso que comenzó en el siglo XVIII. Las sucesivas desamortizaciones y expolios fueron provocando una progresiva pérdida de rentas que se ha visto seriamente agravada hoy por hoy por las cada vez menores vocaciones, volviendo una empresa más que difícil el mantenimiento de los grandes complejos arquitectónicos levantados en la época en la que Sevilla era epicentro económico del imperio. En determinados casos, su destrucción indiscriminada se ha evitado solamente gracias a la calificación urbanística del suelo sobre el que se asientan y la catalogación protectora del patrimonio histórico sobre los conventos. ¿Qué pueden hacer los conventos de clausura si pasan inadvertidos ya no por los visitantes, sino incluso por buena parte de los sevillanos? Cuando las yemas y mermeladas no dan para cubrir los gastos, los monasterios se han visto forzados a renovarse o morir. Y en este punto entra en juego el turismo, tanto por medio de hospederías, apartamentos turísticos y visitas guiadas, museos o exposiciones permanentes. Un elemento en discordia de estos casos aparece cuando se pone en jaque la propia clausura del convento, que las órdenes suelen guardar con mucho celo. Así, Santa Inés cuenta con varias habitaciones para huéspedes, y Rosalía también dispone de un alojamiento singular lanzado por la propia comunidad de clarisas capuchinas con su propia «casa de oración»; mientras que las clarisas de Santa María de Jesús y los filipenses de San Alberto han dejado en manos de terceros la gestión también de las habitaciones que ponen en el mercado como hospedaje. En el primero de los casos, en forma de apartamentos turísticos; en el segundo, como una amplia hospedería de casi una treintena de habitaciones. Con Santa Paula y su bucólica hospedería, que busca la menor intromisión en el carácter de la clausura , se acrecienta esta tendencia hacia la que parecen mirar cada vez más las órdenes religiosas.