Un arma de asedio medieval parece lo último que uno relacionaría con velocidades supersónicas. Sin embargo, el ingeniero británico Tom Stanton ha conseguido que un pequeño proyectil salga disparado a 1.249 km/h, utilizando únicamente la energía liberada por un contrapeso que cae por gravedad.El experimento llama especialmente la atención porque no recurre a motores, aire comprimido ni explosivos. De igual manera, los 40 kilos corresponden al contrapeso utilizado en la prueba, no al peso total del trabuquete. El proyecto final pesaba apenas cuatro gramos y consiguió superar por poco la velocidad del sonido.Un trabuquete tradicional no puede lograrlo simplemente añadiendo peso El principio del funcionamiento es bastante sencillo de entender. Un trabuquete deja caer un contrapeso pesado y utiliza un brazo con una honda para transferir esa energía a un objetivo mucho más ligero. Durante siglos sirvió para lanzar enormes piedras contra fortificaciones, pero aumentar el peso del contrapeso no hace que este caiga más rápido.Y ahí está precisamente el problema que Stanton quería resolver. Su diseño utiliza un sistema de poleas con una relación de 3 a 1 para multiplicar la velocidad que llega al brazo. Este tenía que ser extremadamente rígido y ligero, por lo que terminó fabricándolo en fibra de carbono después de que varias pruebas revelaran los puntos débiles de versiones anteriores.El ingeniero fue aumentando de manera progresiva el contrapeso: con 10 kilos consiguió alrededor de 634 km/h, mientras que con 40 kilos llegó inicialmente a 1.152 km/h, todavía por debajo de la barrera del sonido. Intentando subir hasta 50 kilos, terminó dañando la máquina, así que se vio obligado a tener que buscar otra solución.La solución fue reducir el proyectil hasta solo cuatro gramosEn lugar de seguir añadiendo peso, Stanton regresó al contrapeso de 40 kilos y aligeró el proyectil. Con solo cuatro gramos, el brazo de fibra de carbono alcanzó unas 2.342 revoluciones por minuto y el lanzamiento llegó a 346,4 metros por segundo, equivalentes a unos 1.249 km/h.Según las mediciones mostradas durante la prueba, esa velocidad quedó unos 14 kilómetros por hora por encima del umbral del sonido tomado como referencia. El característico chasquido captado en el vídeo también encaja con el pequeño estampido sónico producido al atravesar esa barrera.La velocidad del sonido, además, no es siempre exactamente la misma, ya que cambia dependiendo de factores como la temperatura del aire. Por eso, lo importante es comparar el resultado con las condiciones específicas en las que se realizó el ensayo.Más allá de la curiosidad, el proyecto demuestra hasta dónde puede llevarse una máquina basada en un principio de hace siglos cuando se combina con materiales modernos, cálculos precisos y muchas pruebas. Stanton no ha creado un arma práctica, pero sí algo que ningún ingeniero medieval habría imaginado escuchar después de un lanzamiento: un estampido sónico.