Redacción ClarínTodo propósito importante parece enfrentarnos, antes de comenzar, a un mismo obstáculo: la sensación de que el esfuerzo será mayor que la recompensa. Pero existe un recurso que puede hacer ese camino mucho más llevadero: descubrir las recompensas del primer paso.Con frecuencia intentamos motivarnos mediante argumentos racionales: pensamos en los beneficios que llegarán dentro de meses o años. Sin embargo, esos fundamentos rara vez encienden la voluntad porque prometen resultados lejanos y suelen estar acompañados por una idea previa de sacrificio y renuncia. Entonces aparece una pregunta íntima: si hasta hoy no pude lograrlo, ¿por qué habría de ser diferente esta vez?Así, cualquier objetivo parece una cuesta arriba inalcanzable: bajar de peso, comenzar a hacer ejercicio, emprender un proyecto, estudiar o abandonar un hábito perjudicial. Pero cuando cambiamos la manera de interpretar el camino, también cambia nuestra motivación. Cada vez que me propongo una meta, procuro enamorarme de ella. Dejo de verla como un sacrificio y comienzo a experimentar, desde el presente, las satisfacciones que me ofrece. No espero a disfrutar cuando llegue al final: adelanto emocionalmente la recompensa.Si quiero abandonar un vicio, por ejemplo, no concentro mi atención en aquello que pierdo ni en el esfuerzo que implica renunciar. Pienso y siento todo lo que gano desde el primer día y, si es posible, desde las primeras horas: dormir mejor, respirar con mayor libertad, recuperar energía o ahorrar dinero para aquello que realmente anhelo. Incluso elaboro una lista de beneficios inmediatos para mantener viva esa motivación.La voluntad suele fortalecerse más cuando ponemos el foco en el valor de aquello que empezamos a ganar que en el sufrimiento que implica cambiar. Cuando dejamos de negociar con la pérdida y comenzamos a experimentar los beneficios del presente, del ahora, el esfuerzo deja de sentirse como un castigo y se convierte en una elección. Quizá la voluntad no se fortalezca por aquello a lo que renuncia, sino por todo lo que empieza a ganar desde el primer paso.Aldo Cristian Alí luzyluci@hotmail.comOTRAS CARTAS“Cómo se cuenta la historia”“No a Maradona cuando quiere poner a todos contra todos, cuando pone el Norte contra el Sur”, escribió Vincenzo Barbato en L’Unità. La frase, posterior al triunfo de Napoli sobre Juventus por la Supercopa de Italia el 1 de septiembre de 1990, es recordada en el libro “Vivir en los medios. Maradona off the record”, de Leandro Zanoni.La expresión sirve para distinguir lo que a menudo se confunde: un hecho de un relato. Diego Maradona no puso el Norte contra el Sur; la situación ya existía. Más de una vez, en los partidos de su equipo en Verona y Milán, los hinchas de Napoli veían pancartas que los trataban de mugrientos y les daban la bienvenida a Italia.Que Maradona haya aprovechado esto para conseguir casi un clima de cancha neutral en Nápoles para la semifinal del Mundial ‘90 entre Italia-Argentina es otra cuestión. Consciente de su condición de ídolo inconmensurable para los napolitanos, tomó la palabra a fin de mejorar las chances de la Selección que lideraba. Pero esto no habilita a culparlo porque el estadio San Paolo no haya sido la olla a presión que esperaba la inmensa mayoría de los italianos. La oportunidad para que Maradona tomara la bandera del Sur pobre la habían generado, mucho antes, quienes discriminaron por deporte. Cabe acotar que L’Unità era un diario creado en Milán.De modo análogo, gobiernos que no respetan derechos culpan de los males a quienes los reclaman.Alberto Ferreyra albertoferreyra1975@gmail.comUn futuro colectivo de grandeza¿Qué podrían tener en común el científico Maldacena, el doctor Agote, Las Leonas campeonas de hockey, nuestros muchachos campeones de fútbol?Nuestra sociedad ha construido dos caminos. El fácil, de los funcionarios públicos, los timadores, algunos jueces, mafiosos, dueños de los bingos, estafadores, y “empresarios” ligados a la coima y al lavado del dinero. Y el otro camino, el de nuestros campeones, científicos, investigadores y hombres que conocen el concepto de esfuerzo, trabajo digno y servicio a la sociedad. Nuestros chicos que ganan un lugar en la NASA, que ganan campeonatos de matemáticas o reconstruyen un avión de la Segunda Guerra.El futuro de nuestra sociedad está en elegir el camino correcto, el camino que marcaron nuestros héroes de Malvinas, nuestros próceres y todos los trabajadores silenciosos que sostienen día a día a esta sociedad. Un futuro colectivo de grandeza.Esteban Tortarolo etortarolo@gmail.comRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosMundial de Italia 1990Las Leonas