Iker Casillas, sobre su infancia humilde: «Mi padre tenía el sueldo de un guardia civil y mi madre era ama de casa. Vivíamos en un piso de 60 metros cuadrados»

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Iker Casillas sigue siendo uno de los grandes símbolos del fútbol español y del madridismo. Desde la portería, el guardameta de Móstoles forjó una carrera legendaria que le llevó a conquistar 19 títulos con el Real Madrid, entre ellos tres Champions League, además de cuatro con el Oporto y dos Eurocopas y un Mundial con la selección española. Su seguridad bajo palos, sus reflejos y sus intervenciones casi milagrosas le valieron el sobrenombre de 'El Santo' o 'San Íker'. Considerado uno de los mejores porteros españoles de la historia, Casillas dejó una huella imborrable en el deporte. El madrileño ha recordado con detalle sus orígenes humildes y la vida sencilla que marcó su infancia en Móstoles antes de convertirse en una leyenda del balompié nacional. En una entrevista realizada en XL Semanal , el exguardameta ha explicado que creció en un piso de 60 metros cuadrados, en una familia trabajadora en la que cada gasto se medía con cuidado y cada esfuerzo tenía un valor enorme. «De ser una familia humilde que vivía en un piso de 60 metros cuadrados en Móstoles a empezar a llegar unos ingresos fuera de lo normal A mí no se me caen los anillos por haber vivido en Móstoles y haber tenido un seat 124. es más, me gusta y presumo de mis raíces», apunta en la entrevista. Su padre, José Luis Casillas, era guardia civil y llegó a pedir en dos ocasiones el traslado al País Vasco para mejorar el salario con los pluses de destino. Su madre, María del Carmen Fernández, era ama de casa, aunque también se había formado como peluquera. Ambos fueron esenciales para sacar adelante a la familia con recursos limitados y mucho sacrificio diario. «Mi padre es de un pueblo de Ávila y tenía el sueldo de un guardia civil y mi madre era ama de casa, aunque empezó a estudiar para peluquera. Mi hermano Unai y yo tenemos nombres vascos porque vivimos en Bilbao un tiempo», detalla. Casillas ha contado además una anécdota que refleja el ingenio de su madre para educarlo desde pequeño. Como él era fan de Luis Arconada, su gran ídolo bajo los palos, María del Carmen le repetía que «Arconada comía pescado« para convencerlo de terminar la comida. Aquel truco alimentaba también el sueño del niño, que ya entonces quería ser portero. El futuro campeón del mundo empezó a formarse en la cantera del Real Madrid con solo nueve años, pero su camino hacia la élite estuvo muy lejos del lujo que después rodearía su carrera. Antes de levantar la Copa del Mundo en Johannesburgo y de convertirse en símbolo del madridismo, fue un chaval de barrio, criado entre esfuerzo y la entrega de sus padres. La historia familiar también estuvo marcada por los traslados y por el compromiso de su entorno. Su padre incluso dejó otros proyectos personales para acompañarlo a entrenamientos y partidos, mientras la madre sostuvo la casa y la educación de sus hijos. Años después, Casillas ha querido volver a La Fábrica para compartir con los jóvenes porteros parte de esa experiencia.