24 horas después del terremoto de 7,4 grados que provocó al menos 224 muertes y más de 1.300 heridos, Colombia dedica sus esfuerzos a rescatar a quienes quedaron debajo de los escombros. El trabajo, como en todo seísmo, es siempre contra el reloj. Las agujas corren con la certeza de que hay unas 2.000 personas desaparecidas. A la par de las tareas de búsqueda, el Gobierno intenta coordinar las acciones en el marco de la declaración de desastre nacional. Hay demasiado que hacer: asistir víctimas, distribuir suministros médicos, calcular daños de infraestructura y edificios, decidir qué familias pueden retornar a sus hogares, transmitir tranquilidad ante el miedo latente de una nueva sacudida. Este martes, Servicio Geológico Colombiano reportó dos movimientos telúricos que tuvieron mayor magnitud fueron de 3,6, suficientes como para ser percibidos y generar una nueva ola de escalofríos, especialmente en el Chocó. El presidente Abelardo de la Espriella centraliza las decisiones y se reparte en distintas zonas impactadas. "Mi compromiso está con cada una de las familias afectadas. Seguimos en territorio, trabajando por nuestra gente", dijo este martes por la mañana, antes de ir a supervisar el impacto del terremoto en el Eje Cafetero, una de las principales matrices económicas del país sudamericano. Hace 27 años, aquella región fue sacudida por fuertes temblores que dejaron 1.200 fallecidos. La memoria de los mayores se reactivó con todos los malos presagios y las asignaturas pendientes. Las promesas de las autoridades de una pronta reconstrucción, tan usuales después de las tragedias de este alcance, no se cumplen a la velocidad que esperan los afectados.Seguir leyendo....